El machismo cerril y sus cultivadoras


Fernando Pintos

En Latinoamérica, por tanto también la vieja y deportiva ISTMANIA, el machismo es una cosa bastante más que seria: más bien adusta, desencajada y cejijunta. Es un lugar común —y ello sucede más que nada en las últimas dos décadas— que se le señale, se le  repudie, se le critique y hasta se insista con exhibir públicamente sus peores efectos. Y en buena medida todo ello se debe a la injerencia, cada vez más acentuada en el Mundo Occidental (antes Cristiano), de pestes tanto o más abominables que cualquier praxis ultra machista, como lo son el feminismo de barricada y la tan perversa como mal llamada «Corrección política» (que de correcta no tiene ni una micra partida al medio), dos de los tentáculos infames del marxismo cultural que inventara el comunista italiano Antonio Gramsci.
Pero en la praxis de esos dos esperpentos mencionados, las causas y orígenes del machismo, es decir sus auténticas raíces, raramente se rocen tan siquiera con la sombra de una pestaña. Y por otra parte, tenemos tan enraizado el mal, en estas pintorescas y folclóricas latitudes latinoamericanas —tan redituables para Hollywood y la Unión de Explotadores Irrestrictos Multinacionales afiliados a la Globalización—, que hasta las mariquillas de crochet y punto arroz se mueren, de tan «puros machos» que pretender ser…
(El problema está en que la mayoría de veces se mueren de tanto calor, cuando los veranos arrecian y ellas o ellos, Whatever!, persisten en refugiarse dentro del clóset).


Pero volvamos al tema de las raíces. La primordial, básica y honda, tanto para los seres humanos como para cualquier otro mamífero de sangre caliente, radica en la crianza tradicional. Y no me refiero al cambio de pañales, la temperatura de la mamadera o la prohibición histérica de juguetes bélicos (otra de las tantas cretinadas marxiculturales), sino a toda esa maraña enfermiza de cariños, mimos, consentimientos y sobreprotección que esas falanges macedónicas femeninas habituales en cualquier familia (mamitas edulcoradas, hermanitas permisivas, tiítas zalameras, primitas guapetonas y abuelitas algo chochas) arrojan, con febril persistencia, sobre los retoños varoniles de la tribu.
Y que conste: no es que esté atacando a la mujer guatemalteca o latinoamericana en general, quien suele ser, por regla general, valiente, sincera, honesta y capaz en el desempeño de cualquier función o trabajo (en ocasiones, mucho más que cualquier hombre). Simplemente critico, y se verá por qué… Pero sigamos. He aquí, al varón en el paraíso. Desde que nace, la zona femenina de la familia se dedica a protegerlo, preservarlo, criarlo, cuidarlo, justificarlo, educarlo y, principalmente, prepararlo para su futuro papel de capo machista parásito. Si tiene hambre, simplemente se tiene que sentar a la mesa y pedir comida a los gritos… ¡Y acudirán presurosas a servirle! Si desea tomarse una taza de café, sencillamente se sienta al lado de la cafetera y reclama a voz en cuello que se la sirvan como a él le gusta… ¡Se la alcanzarán de inmediato y permanecerán, ahí, para regocijarse con los sorbidos y regurgitaciones, pero más que nada a esperar alguna acerba crítica del personaje! Si se le da por salir, demanda con voces destempladas su ropa, limpia, impoluta, impecable y bien planchada… ¡Se la alcanzarán en cuestión de segundos, con toda la gama de posibilidades y combinaciones! Si le han crecido las uñas, ordena que se las corten… ¡Y en instantes partidos a la mitad acudirá alguien, más bien alguna, para hacerlo!
Y así podríamos seguir casi hasta el infinito, enumerando los ejemplos de una vida muelle y regalada, a todas luces abusiva y para todo dependiente del invariable auxilio femenino. He ahí la estampa de un zángano casi perfecto. En la Antigüedad, los patricios romanos gozaban de tales prebendas. Pero con una salvedad: tenían ejércitos de esclavos para ejecutarlas.


Hagamos la salvedad, empero, de que un tipo que sea incapaz de servirse tan siquiera una taza de café, no tiene que ser, por fuerza, un súper macho ni cosa que se le parezca. Pero de buen seguro sí habrá de ser, una vez salido del nido y frente a la mayoría de situaciones que le presente el mundo, un perfecto inútil, un blandengue, un caprichoso y un bueno para nada. Todo lo cual me lleva a considerar el destino que espera, a tamaños personajes, en este mundo que cada día se vuelve más complicado de vivir y más difícil de sobrellevar.


Únicamente cortinas de humo …

Fernando Pintos

En la edición del diario Prensa Libre correspondiente al pasado domingo 4 de marzo, en página dos, al costado del artículo editorial y bajo el título de EFÍMERO, se publicó un comentario que Moisés Naim en el prólogo de su libro «El fin del Poder». Primero lo transcribo, y finalmente lo explico.

«…He tenido la fortuna de estar presente e intervenir en casi todas las reuniones de poder más selectas del mundo, como la Conferencia Bilderberg, la reunión anual de los magnates de los medios y el espectáculo en Sun Valley, y las asambleas anuales del Fondo Monetario Internacional. Mis conversaciones con otros participantes han confirmado mis sospechas: los poderosos tienen cada vez más limitaciones para ejercer el poder que sin duda poseen. Las respuestas a mis preguntas siempre han ido en la misma dirección: el poder es cada vez más débil, más transitorio, más limitado. De ninguna manera quiero decir que en el mundo no haya muchísima gente e instituciones con un inmenso poder. Eso es así y es obvio. Pero lo que también es cierto —aunque menos obvio— es que el poder se está volviendo cada vez más débil y, por tanto, efímero» …

¿Quién es este señor Naím? Dejemos que lo explique brevemente el diario El País de España, donde de tiempo a esta parte se desempeña como columnista: «… Moisés Naím (Venezuela) es uno de los columnistas más leídos en el idioma español. Sus artículos se reproducen en los diarios más destacados de EEUU, Europa Y America Latina. Ha publicado una docena de libros y sus más recientes son 'Repensando el Mundo' (2015) y 'El Fin del Poder' (2013). La revista británica Prospect lo incluyó en 2013 en la lista de los intelectuales más destacados del mundo y en 2010 recibió el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria periodística. Durante 14 años Naím estuvo al frente de la revista Foreign Policy y actualmente dirige y presenta Efecto Naím a través del canal NTN24. Naím ha tenido también una extensa carrera en el servicio público como ministro de Fomento de Venezuela, Director del Banco Central de Venezuela y Director Ejecutivo del Banco Mundial».


¿Y qué viene a ser el libro de Naím? Las reseñas señalan que ha sido el primer libro que fuera seleccionado por Mark Zuckerberg para su club de lectura en Facebook. Y esas mismas reseñas señalan que «…El poder está cambiando de manos: de grandes ejércitos disciplinados a caóticas bandas de insurgentes; de gigantescas corporaciones a ágiles emprendedores; de los palacios presidenciales a las plazas públicas. Pero también está cambiando en sí mismo: cada vez es más difícil de ejercer y más fácil de perder». También indican que según Naím, los líderes de hoy en día tienen menos poder que los de antaño, lo cual se traduce en que el potencial para que ocurran cambios repentinos y radicales sea mayor que nunca. Además, acotan que en este libro
se describe la lucha entre los grandes actores antes dominantes y los nuevos micropoderes que ahora les desafían en todos los ámbitos de la actividad humana. Y se añade: «…La energía iconoclasta de los micropoderes puede derrocar dictadores, acabar con los monopolios y abrir nuevas e increíbles oportunidades, pero también puede conducir al caos y la parálisis».
Por supuesto que a todo lo anterior se agregan algunas opiniones de críticos más o menos conocidos: «libro perdurable».
«Libro que cambiará tu manera de leer las noticias, de pensar en política y de mirar al mundo». «Este libro fascinante debe provocar un debate sobre cómo gobernar un mundo en el que cada vez participan más personas». Etcétera.


Ahora bien: nadie que no sea cuando menos un entusiasta iniciado o un harto confiable acólito podría participar de las conferencias del nefasto Club Bilderberg, que es la madre nodriza de todos los antes mencionados: los magnates de los medios y el espectáculo, el Fondo Monetario Internacional y los verdaderos poderosos del mundo, sean individuos o instituciones… Y de muchos otros más, personalidades en primer término y también instituciones laderas del del FMI, empezando por el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio, la Organización de las Naciones Unidas y la Comisión Trilateral.
Y si Naím lo es —por algo publica sus artículos por todo el mundo, recibe galardones internacionales y ha sido Director Ejecutivo del Banco Mundial—, entonces toda esa tesis de su libro es ni más ni menos que un distractor. Una cortina de humo, de las tantas que los que dominan el mundo viven esparciendo a diestra y siniestra, siempre con el propósito de ocultarse, tanto ellos como sus malandanzas, sus averías y sus planes diabólicos, del ojo atento de la opinión pública.

En pocas palabras: esta nota de Prensa Libre es de publicación obligatoria en todos los periódicos que hacen genuflexiones a las tales reuniones anuales de «magnates de los medios y el espectáculo», a los cuales quienes dirigen Prensa Libre besan los pies … Y esa difusión acerca de la supuesta «debilidad del poder» (de los individuos del Club Bilderberg y compañía) es ni más ni menos que un distractor. Es obvio que todos los poderosos mencionados deben estar inquietos por factores que podrían afectarlos, y ponen a personajes que les hacen los mandados, como el tal Moisés Naím, a escribir esta clase de cortinas de humo, las cuales después serán generosamente promovidas por los medios que responden servilmente a esa sinarquía.
En consecuencia, hagamos la lectura correcta sobre este artículo que habrá pasado inadvertido para la inmensa mayoría: en la práctica, los personajes tenebrosos que manejan la economía global y gobiernan el mundo tras bambalinas están acumulando cada vez más y más poder entre sus garras. Y ese poder ha sido, es y será utilizado para provocar y difundir el mal. Y por cierto: la tesis de Naím calza como anillo al dedo a esos grupúsculos que, en Guatemala, pretenden destruir la gobernabilidad, tomar por asalto el poder y llevar a este país a ser algo igual o peor que una Cuba o una Venezuela.


NOTA A PIE DE PÁGINA:
Naím publica «El fin del Poder» en 2013, y en 2015 empieza en Guatemala toda la batahola que tiene todavía ahora al país en ascuas. Dato interesante, ¿verdad?







Las certeras expresiones



del teólogo Almir Favarin
   

Por  Fernando  Pintos


Muy recientemente ha circulado por las redes sociales, en portugués y español, una reflexión del teólogo brasileño Almir Favarin, bajo el llamativo título de «Esquizofrenia Social». Obviamente, de inmediato salieron al paso los «iluminados» de la izquierda recalcitrante —esos mismos que quieren llevar a este país a ser algo igual o peor de eso que son Venezuela o Cuba—, con la endeble pretensión de desmerecer el texto que a continuación comparto con ustedes.

«…Vivimos en una época donde quieren que los sacerdotes se casen y que los casados se divorcien. Quieren que los heterosexuales tengan relaciones sin compromiso, pero que los gays se casen en la iglesia… Que las mujeres tengan cuerpos masculinizados y se pongan como hombres y tomen papeles masculinos. Quieren que los hombres se conviertan en "frágiles" y delicados y como si fueran mujeres… Un niño con sólo cinco o seis años de vida tiene derecho a decidir si será hombre o mujer por el resto de su vida, pero un menor de dieciocho años no puede responder por sus crímenes… No hay vacantes para los pacientes en los hospitales, pero están el incentivo y el patrocinio para quien quiera hacer un cambio de sexo… Hay un seguimiento psicológico gratuito para quien desee dejar la heterosexualidad y vivir la homosexualidad, pero no hay ningún apoyo de este mismo tipo para quien desee salir de la homosexualidad y vivir su heterosexualidad, y si intentan hacerlo, es un crimen…
Estar a favor de la familia y la religión es una dictadura, pero orinar sobre los crucifijos y desbaratar iglesias es libertad de expresión.
Si no es el fin de los tiempos, entonces debe ser el ensayo...».



El ineludible autor de «El remolino»


* Fernando Pintos

Se llamaba Ricardo Estrada Coloma y murió pocos días después del terremoto de 1976, un poco antes de que tuviera epílogo aquel fatídico mes de febrero. En mi opinión y para mi gusto, ha sido de los escritores más notables que Guatemala ha producido a lo largo de su historia. Y eso que hablamos de un país con enormes escritores. Con la vergüenza de quedar corto y dejar demasiados talentos en el tintero, recordaré algunos entre los más obvios y evidentes. Miguel Ángel Asturias, pongamos por caso.


Más allá del Nobel de Literatura, hubo en Guatemala muchos otros escritores que hubieran merecido el galardón tanto o más que él, y uno de ellos fue, a mi juicio, Estrada Coloma. Mas repasemos, con cierta brevedad, otros talentos literarios remarcables que el país ha generado. Se puede mencionar a Tito Monterroso. Alfredo Balsells Rivera, Luis Cardoza y Aragón, Luis Alfredo Arango, Mario Monteforte Toledo, Mario Roberto Morales, Otto Raúl González, Gerardo Guinea Diez, Fernando González Davison, Francisco Morales Santos, Ana María Rodas, Luz Méndez de la Vega, Hugo Estrada, Marco Augusto Quiroa, Luis De Lión, Dante Liano, Max Araujo, Víctor Muñoz, Arturo Arias, Dina Posadas, María del Rosario Molina, Franz Galich, William Lemus, Francisco José Solares Larrave … Y muchos más, por supuesto.


Entre ese dilatado cúmulo de literatura y literatos destacó con nitidez Ricardo Estrada, como escritor de ficción y ensayista. Un autor serio, moderno, preciosista y brillante, quien escribió excelentes cuentos para niños y mayores. Y de estos últimos, dos libros que son absolutamente memorables y deberían ser ineludibles: «Unos cuentos y cabeza que no siento», y «Otras cosas y santos mártires». Entre sus ensayos, todos inmejorables, cabe mencionar los siguientes: «Flavio Herrera: su novela» (1958); «Los Juanes de Don Rómulo Gallegos» (1960); y «Los indicios de Pedro Páramo» (1971). En todo caso, cabe pensar que Estrada Coloma bien pudo haber recibido —con justificación— un Premio Cervantes o un Nobel de Literatura. Pero, desmesurado como acostumbro ser, voy mucho más allá y afirmo lo siguiente: cualesquiera de esos galardones, máximo reconocimiento que se otorga a los escritores de nivel mundial, pudo merecerlo Estrada pura y sencillamente por tan sólo uno de los relatos incluidos en «Unos cuentos y cabeza que no siento» (publicado en 1965 por la editorial universitaria de la USAC, con excelentes ilustraciones de Roberto González Goiry). Y ése es, precisamente, el que más me ha gustado entre todos los escritos por aquel autor excepcional: «El remolino». Cuando fui director de suplementos de Siglo Veintiuno me regalé el lujo supremo de publicarlo completo —previa autorización de los deudos del escritor desaparecido— en el dominical «Magazine 21».

Este año se han cumplido cuarenta y dos de la desaparición de Ricardo Estrada Coloma y, en vista de ello, antes que se desvanezca 2018 quisiera recordarlo e incluso, no sólo ponerlo en el conocimiento de tantos que leen y admiran a escritores globalizadores y bestséllicos mediocres —como ese tenebroso personaje que perpetró aquel perverso best seller, «El Código Da Vinci»— sino, todavía más: invitarles a conocer el más hermoso entre todos sus relatos, «El remolino» (repito),  por el cual siempre he pensado que hubiese podido merecer y recibir un reconocimiento internacional… Se trata de una estupenda narración, donde se entremezclan, con maestría descriptiva superlativa, el amor y la muerte; la melancolía y la decadencia de la carne; lo inexorable del tiempo y, para colmo, un retrato preciosista (y poco menos que balzaciano) de aquella entrañable Guatemala: la que fue pero nunca más será… La Guatemala de los años 1940, 1950, 1960… Aquella Guatemala irrepetible e imposible de resucitar (para desgracia de todos), cuyo pertinaz recuerdo se antoja capaz de desgarrar, en silencio, los confines del alma.
Les invito a leer, entonces y a partir de este preciso momento, la prosa estupenda de Ricardo Estrada Coloma en«El remolino».




«…Altas las galerías de nichos. Lápidas de mármol renegrido. Rótulos en cuadrados de lata. Unos hombres blanquean los paredones. Cabecean el clavel, el áster y los crisantemos en floreros de cemento, en floreros de azulejos, en botes haciendo de floreros. Una abeja con pringas de polen zumba entre la corola de un cartucho. Un pajarito de copete picotea la tierra de una jardinera. Las enredaderas y las trepadoras se enredan y trepan por los nombres, las fechas y las cruces. El llantén, la ortiga y la flor de muerto acurrucados al pie de los mausoleos, en las hendiduras de las tumbas y en los rincones de los muros envejecidos de líquenes y musgos. El viento arrastrándose. Arriba, se mecen las araucarias graves y oscuras. En volteretas las hojas secas. Hojas de eucalipto. Hojas de sauce llorón. Hojas de manzanote. Por la avenida de cipreses, un burujo de papel, a toda carrera, rasca el suelo de verdín reseco y puntos brillantes. Briznas de heno. Agujas de pino. Plumas de pájaro. El viento, de barrida, se topa con un montón de ripio. Argamasa reseca. Pedazos de ladrillo tayuyo. Pedazos de madera aún tallada y descolorida. Terrones. Piedras. Restos de coronas y guirnaldas. Se topa el viento con el montón de ripio y de allí se levanta el remolino de polvo. Se eleva. Se envuelve en sí mismo, amarillento y brillante. La tolvanera lleva briznas de heno, briznas de madera, briznas de flores, polvo de ladrillo tayuyo, polvo de argamasa, polvo de huesos. (Entre el montón de ripio, una lata con letras negras y abolladas: E. P. D. Cleto Apolinario Monterroso R. 27 de septiembre de 1889-19 de fro. 1940. Un cariñoso recuerdo de J. A.). El remolino de polvo, en espiral de trompo, por la avenida de cipreses. Un hombre que trae una escalera al hombro da la vuelta y se resguarda del remolino detrás del tronco de una araucaria. El remolino sortea los árboles y pasa saltando un montón de coronas y flores secas. Entonces se le agregan semillas de azulinas, margaritas y agapantos, esporas de culantrillo, polen de azucena, polen de nomeolvides, polen de siemprevivas. El remolino de polvo, lejos del crujido de la caja de muerto, en vuelo de polen, briznas y semillas.

El olor del pan recién salido del horno dora el canto de los gallos. Campanas de la Recolección. Campanas del Santuario. Campanas de Santa Catalina.
—Tan-talán-tan. Tan-talán-tan. Tan-talán-tan….
—(Ya están repicando que venía después de la primera misa me dijo pero mejor voy ahora otra vez no vaya a ser que se le haya olvidado) Más allá, las campanas de San José, las de la Merced, las de Capuchinas, las de las Beatas, las del Calvario. Olor de pan francés. Olor de pan desabrido. Olor de pan de manteca. —Tuluc-tuluc— pasa haciendo la leche en los tarros a lomos de mula. Leche de por San José Pinula, de por Puerta Parada, de por San Pedro Pinula. Un viejo hurga en la basura con su bastón. Canastadas de pan francés con su crujidito tostado. Todavía vienen roncando los camiones cargados de carbón humedecido por las nubes de San Lucas. Canasta das de pan desabrido, con sus pirujos, con sus bocones de cachetes tibios, con sus conchas y cachos retorcidos de la risa y palomas de alas apretadas. —Tilín-tilín-tilín— la campanita del rebaño de cabras. Las cabras vienen regando chibolitas por las calles y rompen la fila de los barrenderos. Canastadas de pan dulce -enganchados como patitos de barro, rayadas, shecas, cemitas y pan de culebra. Culebreando las carretillas verdes de los barrenderos en el lagrimón de un borracho echado y encogido en el borde de la acera. Canastadas de pan de manteca —cubiletes, hojaldras, roscas, molletes saltones con su nube de harina y azúcar, tortas con pajaritos sacudiéndose las alas, pan de yemas, champurradas, batidas y chambergas. El anís, el azúcar y el ajonjolí van entre la neblina y se topan con el lechero.

Adormilados los ángeles y los santos. Las tres últimas Avemarías aún revuelan por los altares y se esconden en una hornacina desocupada. En la sacristía, dorado y blancor. Sobre un sillón, desmadejados, la casulla, la estola, el cíngulo y el alba.
—Sí, se lo suplico, padre. Pero se lo suplico mucho.
—No tenga cuidado. Por allá llegaré. Y ya le dije: un platillo con un poco de algodón en rama, migaja de pan, una palanganita con agua, una candela encendida…
—(Un platillo con un poco de algodón en rama miga.ja de pan una palanganita con agua) Camionetas amarillas, azul y blanco, naranja y rojo. Camionetas trastumbonas, de afuera, con indios y tanates, con redes y manojones de flores.
—(Un platillo con un poco de algodón en rama migaja de pan)

Pasa frente a tiendas, carnicerías, talleres de modas, zapaterías. Automóviles y camiones con los vidrios empañados. Comedores, fondas y herrerías. Funeraria El Recuerdo, Iglesia Evangélica Jesús viene, Tienda La Concepción —Cervezas yaguas frías. Se sirven desayunos-almuerzos y comidas. Un tumulto de perros y ladridos en la esquina. La perra, retozona, corre con la cola erguida. Carretilleros con redes de repollos, acelgas, aguacates y naranjas. Dos jalando y tres empujando. Indios sololatecos con redes de cebollas. Indios con la serpiente roja de la faja, apretadito el paso, bajo el peso de los bultos de verduras hechos con tujas.
—(Un platillo con un poco de algodón) Nabos, remolachas, coliflores. El sastre ya le puso fuego a la plancha de hierro frente a su puerta. Chisporrotea el carbón. Una palanganada de agua, plateando, salta la acera desde otra puerta. El carpintero está barriendo el frente de su carpintería.
—(Otra vez estos chuchos) Arde un montoncito de trozos y viruta debajo del bote que cuelga de un trebejo. El humo de la viruta de cedro busca el olor del pan que pasó por la calle. Peones con piochas y palas a seguir abriendo zanjas. —A mí me da veinte de francés y quince de pan de manteca. —¿Tiene ocote?
—Seis huevos, por favor.
—Que está bien malo el pobre, dicen.
Albañiles encalados de ayer con sus cajas de herramientas: la cuchara, el cernidor, el martillo, el nivel, la plomada.
—Mi pan me lo dio sin ganancia.
—Que anoche entró en agonía.
—Figúrese, por Dios.
—Allí va la pobre.
—Déme de ese bien tostadito. Camionadas de barrenderos. Mulas alegres con trotecillo rápido, jalando las carretas de la basura. Por el boquete del cajón asoman la cara sucia los patojos con su brin al hombro.
—Que bebía mucho, dicen.
—Que fue congestión.
—No, que fue derrame.
—Dios se apiade de él.
—(Un platillo con un poco de algodón en rama migaja de pan una palanganita con agua una candela encendida pobre viejito qué andará buscando entre la basura ya asomaron otra vez estos chuchos).
—Entró en la otra tienda.
—Un francés de a dos y una candela de cera. Sí, una de a diez. . . Camionetas llenas de trabajadores y empleados. Camionetas con colegiales. Un muchachito descalzo va a la escuela con sus cuadernos bajo el brazo.
—Pax huic domui.
—Et omnibus habitantibus in ea.

El gor-gor viene ronroneando desde una cama. Sobre una cómoda, santos de bulto y en estampas, cestos de costura, un tecolote de alcancía. Frascos y tarros de medicinas. Ramitas de laurel y romero. Manojos de ramos contra las tempestades. Dos candeleros con churrigueras de cera. Recostado en la pared, un cuadro. En el cuadro, un enfermo macilento y agónico, con un pañuelo amarrado a la cabeza. Frente a la cama, un sacerdote orando; al lado derecho, un ángel con los brazos extendidos hacia el enfermo; del lado izquierdo, el demonio —peludo, con sus cachos, con su cola, con sus alas de murciélago, tirando de la sábana del enfermo. Chisporrotea la vela encendida. En un platillo está el migajón de pan; en otro, el algodón en rama. En la palanganita de agua juguetea la llama.
—Gor... gor... gor... gor... gor... gor. .. grrr... grr... gr... sssss... gr... gor. .. ggggg...
El sacerdote le aproxima un crucifijo a los labios entreabiertos y resecos. Sube y baja el gor-gor. Los párpados violáceos, en parpadeo delgado. La mano derecha rascando sobre la sábana que recubre el colchón; después, por debajo de la almohada. Rasca y rasca. El frío de la nariz contra el frío del crucifijo. —Asperges me, Domine, hyssopo, et mundabor; lavabis me, et super nivem dealbabor…


—" … quede extinguido en ti todo poder del diablo por la imposición de nuestras manos y por la invocación de todos los Santos…". Del hisopo saltan las gotas del agua bendita y rocían la cama, la cabeza, la cara, las manos.
—(Siento la llovizna ya está lloviznando lloviznaba sobre los árboles sobre tu cabeza y la mía el agua resbalaba por mis ramas y tenías el cabello lleno de estrellas donde bebían gorriones admirados entonces era mayo y tus ojos eran dos cenzontles tibios escondidos en la tarde la llovizna bajaba por el recodo de la siesta y la merienda sobre la hierba y las calles y los tejados parecíamos dos temblores de romero salpicados de geranios la pelusilla de tus brazos nidada de agua clara resbalaba junto a mi boca te protegía del agua bajo mi brazo pero antes habíamos jugado con marzo y abril en el río cuando entrabas corriendo en las pozas mansas me salpicaba tu risa ahora casi de tierra quiero esconderme en tus ojos humedecidos). El sacerdote humedece su dedo pulgar derecho en la tibieza y santidad del óleo, y, haciendo la señal de la cruz sobre los ojos, unge en el murmullo de la fórmula sacramental.
—“Por esta santa unción y su benignísima misericordia, te perdone el Señor todo lo que has pecado con la vista….”.
—(Veo dos libélulas de aretes entre la caída de tu cabello castaño en junio te ponías un vestido nuevo con dos duraznos debajo de un suspiro veo tu beso sobre mis ojos mis ojos miraban tu lunar azul en la garganta en lo que la tarde picoteaba naranjas veía tus muslos de diecisiete años con caricia de brizna de canela se me metía en los ojos entre ceja y ceja adivinarte toda aquí un lunar y otro en tu fruta de canícula). De los ojos, el dedo pulgar del sacerdote va a las orejas pálidas que asoman entre el pelo crecido y sudoroso. —“Por esta santa unción y su benignísima misericordia, te perdone el Señor todo lo que has pecado con el oído…”.
—(Oigo tu voz tu, palabra tu aliento y tu quejido en una cascada arrullo oía por mi corazón tus pasos que te acercaban al repique de las campanas en domingo el viento hacía rezar a los árboles. En un parque que poblaba tu risa oía el viento que jugaba con tu falda ahora oigo caer la niebla que traerá tu distancia siempre quise oírte recogida en el cuenco de mi oreja como campánula dorada y sonando cantabas y mi oído era una puerta melancólica entreabierta cuando te alejabas).
—“Por esta santa unción...”. Tiembla la llama de la vela. El sacerdote unge la boca.
—“ … te perdone el Señor todo lo que has pecado con la boca…”.
—(Beso tu boca y bebo en el ángulo lila de tu párpado mis labios y mis dientes y mi lengua te conocen por tierna y labio por caricia y silencio mientras te recorría mi sed alucinada hasta morderte mi beso de entonces despertaba tu cuerpo esfuminado en el deseo era el tiempo de saborear la menta escondida y las mieles arrebatadas a los pájaros de boca en roca pronunciaba tu nombre de roca en boca mi beso y tu beso encontrándose en los recodos de cualquier tiempo). Entre el humo del incienso chisporrotea la llama de la vela. Afilada la nariz con unas gotitas sobre las aletas heladas. —“Por esta santa unción te perdone el Señor todo lo que…”. Va a toser. Tose. El gor-gor vuelve con el sube y baja del pecho y las sábanas. —“…todo lo que has pecado por el olfato”. Entonces le unge la nariz. —(Siento tu olor membrillomanzanarrosa rosa y almohada madrugando junto a los pinos que tenían nidos a los pies para el arrullo piedra de río limpio tabaco de tu cabello mi nariz aleteando te recorría los hombros y la nuca juntos olíamos el pericón y el anís en el llano cuando condimentabas la tarde con tomillo olían los caminos a estar juntos cuando pasabas debajo de las gravileas salías con aroma de estrellas blancas huelo tu tiempo de muchacha me gustaba estar oliendo tus duraznos debajo de un suspiro). La mano derecha rasca por debajo de la almohada; después, va sobre el pecho, y luego va extendiéndose a lo largo del cuerpo. Allí se queda, entrecerrada. El sacerdote unge ahora las manos. Palmas frías, entre blancas y azuladas.

—“Por esta santa unción te perdone el Señor todo lo que has pecado con las manos…”. Poco a poco las manos se vuelven con el cuenco hacia abajo. Los dedos recogidos. —(Tu cara cabía entre mis manos y después mis dedos caminando se hundían entre tu pelo con las horquetas que hacían mis pulgares con las palmas de mis manos te sostenía por las axilas cuando jugabas a negarte jugábamos andares cuando niños trenzando nuestros dedos para el arco del río de niños y niñas y nubes y canciones más tarde tal vez aún lo sientes te recorría toda torpe y palpitante cuando te me perdías pues quería saber si era cierto que estabas a mi lado). —“Por esta santa unción te perdone el Señor todo lo que has pecado con los pies…”.  —(No me cansaba de buscarte mis pies iban detrás de las huellas de los tuyos mi madre me hacía cosquillas en las plantas pronto será octubre noviembre y diciembre buscándome el borde de las uñas te sentía tan distante y cada paso mío era sobre todas las peñas y gradas me cubrías los pies con arena he caminado tanto déjame sentarme a la orilla de ti misma nos descalzábamos para caminar sobre la hierba ahora voy caminando despacio mi madre me regañaba por romper tantos zapatos para que no me lastimen lo frío ese musgo y esas nubes porque voy con los pies por delante esta forma extraña de caminar y no caminar las plantas de mis pies subterráneos me gustaría descansar junto a ti quitarnos los zapatos otra vez y restregar mis pies contra los tuyos a dónde voy a pie sobre espigas de niebla).
—Et lux perpetua luceat eis.

Sus ojos no alcanzan a distinguir los nombres de las lápidas y de los rótulos negros en los cuadros de lata. Entonces se hace sombra con la palma de la mano, horizontal, sobre las cejas. En la boca del nicho hay una hilera de ladrillos esperando. Ve hacia todos lados con el ramo de azucenas y gladiolos blancos entre los brazos. Al dar unos pasos para distinguir mejor, tropieza con los pedazos de argamasa de un montón de ripio. Entre el montón de ripio, una lata con letras negras y abolladas. Se pone a hacer cuentas con los dedos. Los dedos no le alcanzan para los rosarios de tiempo. Se persigna desde su frente llena de arrugas. El viento le agita un mechón gris en la huella del primer movimiento de la señal de la cruz. Sus ojos viajan como dos pájaros desconcertados del montón de ripio al boquete del nicho. Un sollozo subiéndole le derrota los ojos. Allí viene el hombre de la escalera; la ve, pero mejor regresa, haciéndose el desentendido, y cruza al llegar a la esquina de la galería de nichos. Ella mira otra vez la boca del nicho donde hay una hilera de ladrillos nuevos. Da la vuelta y empieza a caminar, apretujando las azucenas y los gladiolos blancos. El remolino de polvo asoma por la avenida de cipreses y manzanotes. El remolino de polvo, remolineando, detrás de ella, en vuelo de polen, briznas y semillas. En un esguince, el remolino pasa alborotándole el cabello y jugueteándole la falda.
—( …mis dedos caminando se hundían entre tu pelo… el viento que jugaba con tu falda)…».





Frases célebres
Por Fernando Pintos


Siempre he pensado que, a la corta o a la larga, importan mucho más las acciones —y son muchísimo más elocuentes— que la palabrería más florida. Quizás este prejuicio se haya cimentado en el hecho, harto comprobable, de que todos los malandrines, los vividores, los trepadores, los lambiscones, los lamesuelas, los embaucadores, los alcahuetes, los rufianes, los arribistas, los fulleros, los estafadores, los embusteros, los farsantes, los tramposos, los soplones y los malvivientes, por regla general, utilizan los artificios del lenguaje para atraer sus víctimas al precipicio.

Sin embargo, muchos personajes de verdadera relevancia y de conductas acordes con la palabra, han dejado para la posteridad pensamientos que siempre son dignos de leer. Es por ello que he realizado esta selección de frases célebres, que como incluye a muchas notables personalidades que son sistemáticamente ignoradas en las recopilaciones habituales que giran y deambulan por Internet, resultan —como casi todo lo que yo hago o expreso— una verdadera declaración de principios.

 

Leamos entonces y tratemos de asimilar.


* «La política es la segunda profesión más antigua. He terminado por darme cuenta de que tiene un gran parecido con la más antigua». Ronald Reagan.

 

* «Usted tiene un ejército de mediocridades seguido por la multitud de tontos. Como los mediocres y los tontos son siempre la inmensa mayoría, es imposible que se elija un gobierno inteligente». Guy de Maupassant.

 

* «Las actitudes son más importantes que las aptitudes». Winston Churchill.

 

* «Puesto que no existe tal entidad conocida como “el público”, ya que el público es meramente una cantidad de individuos, la idea de que “el interés público” va por encima de los intereses y derechos privados sólo tiene un significado: que los intereses y derechos de algunos individuos tienen prioridad sobre los intereses y derechos de los demás». Ayn Rand.

 

* «Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentira a medias de ningún modo es una media verdad». Jean Cocteau.

 

* «En toda negociación, el hombre honrado está destinado a llevar la peor parte, mientras que la picardía y la mala fe se apuntan finalmente los tantos». Mika Waltari.

 

* «Lo que me interesa de Estados Unidos no son los parásitos intelectuales de Nueva York, sino los verdaderos americanos. Yo no estoy con Woody Allen, estoy con John Wayne». Louis Pauwels.

 

* «Cuando al hombre se le pone como medida de todas las cosas, se le convierte en esclavo de su propia finitud». Juan Pablo II.

 

* «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y después aplicar los remedios equivocados». Groucho Marx.

 

* «Yo no hablo de venganzas ni perdones. El olvido es la única venganza y el único perdón». Jorge Luis Borges.

 

* «Lo que poseo parece ser mío, pero soy poseído siempre por aquello que tengo». Giovanni Papini.

 

* «Tómate tu trabajo seriamente, pero no te tomes a ti mismo muy en serio». Clint Eastwood.

 

* «Si rechaza la comida, hace caso omiso de las costumbres, le tiene miedo a la religión y evita a la gente, tal vez sea mejor que se quede en casa». James A, Michener.

 

* «Habla poco, habla despacio y no hables mucho». John Wayne.

 

* «Los hombres fácilmente se persuaden de que es falso o al menos dudoso, aquello que no desearían fuese verdadero». Pío XII.

 

* «La democracia necesita de la virtud si no quiere ir contra todo lo que pretende defender y estimular». Juan Pablo II.

 

* «La creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria. Los hombres por sí solos ya son capaces de cualquier maldad». Joseph Conrad

 

* «Valiente es aquél que no toma nota de su miedo». George Patton.

 

* «Cuando miras mucho hacia el abismo, el abismo te mira a ti». Friedrich Nietzche.

 

* «A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada». Winston Churchill.

 

* «Casi todo el absurdo de la conducta proviene de la imitación de aquéllos a quien no podemos parecernos». Samuel Johnson.

 

* «Estoy comenzando a sentirme sumamente intranquilo al ver que se pretende que los deportes sirvan para promover la política, el militarismo y el patriotismo extravagante». James A, Michener.

 

* «Tan sólo existe una forma de depravación humana: carecer de metas». Ayn Rand.

 

* «La vida es dura. Pero es más dura si te comportas como un estúpido». John Wayne.

 

* «Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos ante otros, que al final nos disfrazamos ante nosotros mismos». François de la Rochefoucauld.

 

* «En tiempos de mentira universal, decir la verdad es un acto revolucionario». George Orwell.

 

* «El individuo siempre tiene que luchar para impedir ser abrumado por la tribu». Friedrich Nietzche.

 

* «Todos los humanos mueren, pero sólo algunos han vivido». Louis Pauwels.

 

* «El hombre es el único zorro que instala una trampa, pone la carnada y después mete allí la pata». John Steinbeck.

 

* «Aquél que controla a otros puede ser poderoso, pero aquél que se controla a si mismo es todavía más poderoso». Lao Tzu.

 

* «Hay verdades que uno sólo puede decir después de haberse ganado el derecho a decirlas». Jean Cocteau.

 

* «Dios nos envia los alimentos, y el diablo los cocineros». Thomas Deloney.

 

* «La fantasia, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos». Francisco de Goya y Lucientes.

 

* «Un hombre siempre merece una segunda oportunidad, pero no lo pierdas de vista». John Wayne.

 

 

El Pepe Mujica según Marcelo Birmajer


Fernando Pintos



Marcelo Birmajer es un escritor y periodista argentino, originario de Buenos Aires. Sus libros más conocidos son novelas —ha publicado veinte—, tales como «Un crimen secundario» (1992), «El alma al diablo» (1994), «Tres mosqueteros» (2001), «La despedida» (2010) o «El Club de las Necrológicas» (2012). Pero también ha incursionado en otros géneros, tales como cuentos, fábulas, crónicas o historietas. Entre sus relatos hay varios volúmenes dignos de mención: «Fábulas salvajes» (1996), «Ser humano y otras desgracias» (1997), «Historias de hombres casados» (1999), y «Nuevas historias de hombres casados» (2001), «Últimas historias de hombres casados» (2004), «El Once. Un recorrido personal» (2006) y «Libro de emergencia» (2013), son algunos de ellos. Y como si lo anterior fuera poco, ha elaborado numerosos guiones para televisión y cine. Un ejemplo de lo último mencionado: es coautor del guión para la película «El abrazo partido», ganadora del Oso de Plata en festival cinematográfico de Berlín (2004). Adicionalmente, este autor con libros que se ha traducido a idiomas tales como inglés, alemán, italiano, holandés, chino, japonés, polaco, portugués, búlgaro, rumano, coreano, lituano, esloveno y hebreo, escribe columnas semanales para el diario «Clarín» y colabora con otros medios, tanto digitales como televisados.


Birmajer ha sido objeto de diferentes distinciones por tan destacada trayectoria. Una de ellas ha sido el premio Konex 2004, que se le concedió como uno de los cinco mejores escritores de la década 1994/2004 en el rubro Literatura Juvenil.

Y bien: presentado con brevedad Birmajer, pasaremos a un artículo que publicó muy recientemente acerca de ese ícono posmoderno para la izquierda internacional, la Global Media digitada por los amos del mundo y las mentes ingenuas, débiles o sencillamente desinformadas, que sin pertenecer a ninguna de las categorías anteriores, se dejan intoxicar por un pequeño tsunami de mentiras sistematizadas.


Birmajer ha casi desnudado, hipotéticamente hablando, a esa vaca sagrada para tantos medios de comunicación masiva que desinforman descaradamente (en Guatemala tenemos unos cuantos), hasta dejarlo literalmente en paños menores. Entre las palabras del artículo que reproduciré a continuación emerge el personaje real, despojado de todos los abigarrados disfraces que con el tiempo se le han ido acumulando, hasta dejarlo más soterrado que las tradicionales momias faraónicas y, por supuesto, protegido con corazas múltiples y superpuestas contra cualquier tipo de crítica seria, objetiva y veraz que se le quisiera hacer.


Para horror de la manada progresista, Birmajer ha mostrado al tal Mujica en toda su ruin dimensión de criminal y demagogo. Pero dijéramos que esas palabras tan certeras apenas lo han dejado en calzoncillos. Léanlas con atención, porque en el siguiente artículo y usando mis propias palabras, dejaré al personaje más desnudo que cuando llegó al mundo.
Veamos entonces qué dice Birmajer:


«… Mi primer problema con Pepe Mujica es que no le entiendo nada cuando habla. Habla con la boca cerrada, como un ventrílocuo, pero sin un muñeco que lo interprete. Arrastra las palabras, como si no quisiera soltarlas, como un jugador de ajedrez que se queda con la ficha en la mano porque teme dejarla en tal o cual casillero y eterniza el movimiento, enervando al contrincante. Me pasa con él como con las películas españolas en la tele, que sólo las entiendo con subtítulos. Pero a Mujica no lo subtitulan, sólo lo aplauden: aunque estoy seguro de que quienes lo aplauden tampoco entienden lo que dice. Lo aplauden porque tiene pinta de pobre, porque tiene un perro con tres patas, porque no tiene la menor relevancia en el mundo; pero en ningún caso por lo que efectivamente está diciendo.


El segundo problema es que Mujica nació a la política como guerrillero en uno de los países más estables y libres de América Latina. Hasta la violenta irrupción en la vida política uruguaya —en los años sesenta del siglo pasado— de los Tupamaros, de los cuales Mujica era un de los líderes, Uruguay era conocido como la Suiza de América Latina. Su democracia era sólida, su vida cotidiana, afable y liberal. La gran preocupación de su poeta revolucionario, Mario Benedetti, era que la gente de clase media se aburría demasiado en la oficina, lo que hoy sería considerado una bendición. Querían sangre, revolución, muerte, en contra de la democracia. Ese es el antecedente político de Pepe Mujica. Los Tupamaros asesinaron a civiles indefensos, secuestraron a diplomáticos de países que jamás perjudicaron al Uruguay, quemaron automóviles de personas inocentes, robaron bancos donde se guardaban los ahorros de honestos trabajadores. El propio Mujica asesinó por la espalda a un policía, en pleno periodo democrático, en 1971, sin que el oficial hubiera hecho otra cosa más que estar de uniforme defendiendo la seguridad de un gobierno libremente elegido por el pueblo. Un crimen de esa naturaleza, atroz e injustificable, no debería ser el lanzamiento de una carrera política sino penitenciaria.


Pero Mujica no sólo atravesó su periodo presidencial, sino que además ahora dicta conferencias. Quizá Mujica pudiera dar conferencias tituladas Mueren (los demás). Ese no es un problema particular del Uruguay sino de toda América Latina, comenzando por la Venezuela que encumbró al golpista y asesino Hugo Chávez como presidente vitalicio y un poco más también (ya que siguió gobernando algunos meses después de muerto). No casualmente, era compadre ideológico de Mujica. A Chávez sí se le entendía todo, lamentablemente, cuando hablaba; a Maduro no se le entiende ni aunque pronuncie a la perfección. Pero Mujica pertenece a esa larga tradición de líderes latinoamericanos que arruinaron democracias medianamente exitosas y las rebajaron al punto de ser ellos mismos elegidos como presidentes. Parafraseando aquella frase de Groucho Marx de que nunca se inscribiría en un club que lo aceptara como socio, podemos decir que Mujica, en su debut político de los sesenta, contribuyó a arruinar al Uruguay hasta el punto que lo eligieran a él como presidente. Bastaría con leer la estupenda memoria de Geoffrey Jackson, "Secuestrado por el pueblo", del embajador británico encerrado en un sucucho, también en 1971, para comprender lo despreciables que eran los Tupamaros de Mujica.


No escarmentado con participar de una organización que secuestraba diplomáticos de países amigos y democráticos, Mujica, ya como presidente, intentó terciar en asuntos internacionales que le resultaban tan ajenos como las propias soluciones que nunca encontró para el Uruguay, como reducir la desigualdad social o elevar el nivel educativo. Mujica ingresó al Uruguay dos grupos de refugiados: expresidiarios de la cárcel de Guantánamo y refugiados sirios. Un somero paneo por los sitios de noticias del Uruguay y del mundo revelan que la mayoría de los refugiados sirios se quieren marchar de ese país: ven su futuro negro, desprecian el lugar que los acogió y, en particular, a su confundido expresidente. Por ponerlo en palabras del prestigioso medio uruguayo El Observador: “Las cinco familias de refugiados sirios que ingresaron a Uruguay en octubre de 2014, en el marco de un programa de reasentamiento de refugiados, continúan acampando en Plaza Independencia como forma de protesta. Se instalaron con valijas, colchones, mantas y una carpa en la mañana del lunes, para exigir que el gobierno les permita salir del país y ser acogidos como refugiados en otra nación. Sin embargo, el gobierno uruguayo no tiene incidencia en la actitud que otros países adopten frente a personas que piden la categoría de refugiados. Los sirios instalados en Uruguay tampoco tienen medios para pagar sus pasajes hacia otros países”.


De modo que no sólo no mejoró un ápice la suerte de los refugiados, sino que además generó caos y desarreglos entre sus compatriotas; inventó un conflicto de hostilidades identitarias donde hubiera alcanzado con no hacer nada para que el propio Uruguay recuperara por completo la armonía interrumpida décadas atrás por los propios Tupamaros de Mujica. Tanto los refugiados sirios como los expresidiarios de Guantánamo han sido denunciados por golpear a sus parejas. Recientemente, uno de ellos, Omar Abdelhadi Faraj, fue detenido por agredir a su mujer. Algunos exreclusos de Guantánamo a los que Mujica asiló reclaman un triunfo de Al Qaeda en el Uruguay. Con un poco de suerte, quizá refloten a los Tupamaros. Los refugiados sirios también se niegan a llevar al colegio a sus hijos: otros de los éxitos diplomáticos del campechano Pepe Mujica. Cuando uno piensa cuánto mejor hubiera hecho en simplemente no matar a un policía por la espalda, descubre que la gran responsabilidad de un hombre no es mejorar el mundo, sino tan sólo no empeorarlo.
Es cierto que Mujica anda como cualquier otro ciudadano por la calle, pero la mayoría de los presidentes uruguayos hicieron lo mismo, antes y después de que los Tupamaros arruinaran la estabilidad del primer mundo que campeaba en ese pequeño país. No podemos decir lo mismo del resto de los uruguayos: durante la presidencia de Mujica, la inseguridad en Montevideo ascendió a niveles alarmantes, desconocidos para esa ciudad tradicionalmente libre de sobresaltos.

Ç
También es cierto que el conflicto por las papeleras involucró en partes iguales, en cuanto a torpeza y chauvinismo, tanto a Mujica como a la señora de Kirchner, dos dechados de incapacidad intelectual y desequilibrio conductual. Pero Mujica llegó tan lejos como para mentar a la Kirchner en los siguientes términos: “Esta vieja es peor que el tuerto”. Afortunadamente, ambos países eran lo suficientemente irrelevantes como para no representar una amenaza el uno contra el otro ni respecto del mundo, pero Dios nos libre si a Mujica le hubiera tocado resolver la Crisis de los Misiles o el Conflicto del Beagle.


Mujica es como esos cuadros impresionistas que nadie entiende pero todos elogian. Su bonhomía y su avanzada edad lo convierten en el jubilado bueno; pero ese es un rol interesante para dar de comer a las palomas, no para presidir un país».




Oscilando entre amargura y sarcasmo

 

* Fernando Pintos

 

Esto forma parte, en cierta medida, de la historia del periodismo en Guatemala. En noviembre de 1987 nació la revista semanal Crónica y formé parte de su redacción desde el número cero hasta el 430 (en casi nueve años de trabajo apenas tuve una única vacación). Es decir, que trabajé en aquella publicación semanal cerca de nueve años casi sin interrupción… Desde un principio estaba destinado a dirigir la sección cultural, pero en aquel entonces estaba muy involucrado en la creación y desarrollo de Kaminal TV, que fue el primer canal de cable guatemalteco, producido por Comtech S.A. Por ello agradecí el generoso ofrecimiento de Richard Aitkenhead (el primer director que tuvo la revista), decliné y me conformé con trabajar como crítico de cine, crítico literario y reportero. Pasados casi tres años, Crónica publicó una completa revista de cable y televisión denominada Tele Crónica, la cual dirigí un par de años, hasta que dejó de publicarse. Durante los últimos meses de vida de Tele Crónica aconteció lo siguiente: Francisco Pérez de Antón, presidente de Crónica me encomendó escribir una columna que debería publicarse en la sección cultural y se denominaría Desde mi Trinchera.

 

Pero entonces, surgió algo más. Casi inmediato al cierre de Tele Crónica, sucedió que la sección de Cultura —por entonces rebautizada como «Crónica de la Cultura y el Ocio»— quedó acéfala por la salida de Ana María Rodas, y me la encomendaron a mí. Esa vez no decliné y asumí, en consecuencia, una triple función: miembro del Consejo Editorial, director de la sección de Cultura y columnista. Entre aquellas exigentes tareas consumí los últimos cuatro años de mi permanencia en la revista. Y entonces, se convirtió en una parte muy importante de mi trabajo escribir la columna semanal, un trabajo disfrutable para alguien que al tiempo de ser periodista, pretende ser escritor. Y a estas alturas del relato cabe señalar lo siguiente: parte medular de aquella columna eran numerosos temas, directa o indirectamente ligados con cultura en un sentido lato del término. Pero, al mismo tiempo, existía otra importante vertiente temática, consistente en escribir sobre temas políticos y socio-económicos, pero siempre en clave de humor negro, o humor del absurdo, o surrealismo… La verdad es que, cuando el asunto consiste en referir malandanzas de nuestros folclóricos políticos criollos, resulta sorprendente comprobar que en casi todas sus acciones —hasta las nimias— subyace una poderosa sobrecarga de humor negro. Ciertamente, los resultados casi siempre son trágicos y suelen provocar tanto el llanto como el bíblico rechinar de dientes, pero los tales individuos son a un mismo tiempo tan elementales, tan previsibles y tan groseros, cuando no grotescos, que invariablemente ofrecen márgenes amplios para el sarcasmo…

 

Así fue como, en enero de 1996, la editorial Artemis & Edinter publicó una selección de 60 artículos, todos ellos en la línea de crítica sarcástica y bajo el título de la columna: «Desde mi Trinchera» (hay una reedición digital de 2014). Y para explicarlo con brevedad, bastaría con leer una de las solapas del libro, donde se expresa lo siguiente: «…Ambrose Bierce, Alfred Jarry, Richard Armour, Woody Allen, Bruce Marshall, Curzio Malaparte, George Mikes, H. H. Munro, Salvador Dalí, Jean Tardieu, Art Buchwald, André Breton, Guillaume Apollinaire, Wimpi, Mario Vargas Llosa, Perich, Serafín J. García, Giovanni Mosca, César Di Candia, José María Firpo y Macedonio Fernández han sido, en buena medida, los maestros de Fernando Pintos y, por lo tanto, ilustres inspiradores de este libro que recopila 60 artículos de humor crítico, publicados en su columna homónima de la revista Crónica, entre noviembre de 1992 y octubre de 1995. El humor de Fernando Pintos es ácido e irreverente. En estas páginas el lector encontrará múltiples sentidos y una gran cantidad de significados ocultos en artículos de apenas 400 palabras. En sus textos, Pintos ejercita la ironía feroz y el humor absurdo, tomando como referencia infinidad de temas y personajes: desde los entresijos de la política y la economía hasta el mundo cinematográfico, pasando por aquellos entrañables protagonistas de las fábulas y los cuentos de hadas».

 

Ahora bien: como definición breve, ese texto está muy bien. Pero ya entrando en profundidades, prefiero algunos pasajes del prólogo redactado por ese gran escritor que es Gerardo Guinea Diez, donde explicaba algunos aspectos de mucho mayor profundidad. Veamos lo que escribía Guinea: «…En “Desde mi Trinchera” hay una reiteración obsesiva de la idea de que nada vale la pena, que nada debe ser tomado en serio. Quizás alguien señale esto como abismarse en las tinieblas del nihilismo más puro. Sin embargo, detrás de cada palabra, se esconde un sentido reclamo a la fugacidad y la ligereza de la vida contemporánea. Fernando Pintos utiliza el humor como su mejor arma para dibujar, tal cual una esquizofrénica pintura, el horror de la solemnidad, el ridículo de los políticos y todo ese enorme desperdicio que significa vivir en la orilla de la grandilocuencia y el más barato histrionismo… Desde un incómodo mirador, Pintos ve al mundo y se mira a sí mismo. Como en un laberinto de espejos, sabe de la atrocidad que significa el término “normal»: la corrupción, la violencia, las guerras, la mentira, nuestras infaltables vanidades».

 

Creo que con estas dos explicaciones, la introductoria en la solapa del libro y el brillante prólogo de Guinea Diez, se describe con bastante acierto una obra que por fuerza debería provocar numerosas sonrisas… Si bien la mayoría entre ellas pudiera, o más bien debiera oscilar entre una amargura recóndita y el más ácido sarcasmo.

…Y el muerto se asusta del degollado
(¡!)…


Fernando Pintos


Tengo que compartir con ustedes esta noticia, que fue publicada, junto con otros medios de todo el mundo, por el diario El País de Montevideo el pasado sábado 11 de noviembre, bajo el título pudoroso de «Sepp Blatter me tocó la cola» (es decir, el trasero). Veamos entonces:


«…La legendaria arquera de la selección de fútbol femenino de Estados Unidos, Hope Solo, denunció que Joseph Blatter, el ahora ex presidente de la FIFA, la acosó sexualmente durante la ceremonia de entrega de premios a los mejores jugadores del mundo, en 2013. En una entrevista con el diario portugués Tribuna Expresso, Solo fue consultada sobre las recientes denuncias de acoso sexual vinculadas a personalidades de Hollywood y sobre si ella había vivido una situación similar, y respondió: "Por supuesto. Es algo que he visto a lo largo de toda mi carrera. Y desearía que más mujeres deportistas hablaran sobre sus experiencias. Es algo endémico, no es algo que sólo sucede en Hollywood, sino que probablemente sea así en todos lados".


"Lo he visto en todos los deportes. Durante años, en el pasado, las jugadoras salían y se casaban con sus entrenadores universitarios, algo que obviamente un entrenador no debería hacer, sobre todo con una joven. También lo he visto con fisioterapeutas, médicos y oficiales de prensa... . No sé por qué más jugadoras no hablan de eso", amplió Solo, de 36 años y que ganó dos medallas olímpicas doradas con la selección estadounidense, además de haber recibido el premio a la mejor arquera del Mundial femenino 2011.
"Sepp Blatter me tocó la cola...", dijo Solo, y consultó a su agente de prensa: "¿Puedo hablar de eso?". Y prosiguió: "Fue en la entrega del Balón de Oro (en enero de 2013), justo antes de subir al escenario... Es algo que se ha normalizado", contó la arquera.


También comentó que no hizo antes esta denuncia porque "hablo directamente con quien corresponde cuando suceden cosas así. En otros casos les dije a mis compañeros: "¡No me toquen nunca! No lo hagas En las duchas, en el vestuario... Hablo directamente con la persona. En el caso de Blatter, subí al escenario, no pude reaccionar, estaba nerviosa por la presentación... Era el Balón de Oro. Después de eso no lo vi, y eso fue algo malo. No pude decirle directamente "¡No me toques nunca!". Pero esa es la forma en que siempre he manejado las cosas".


Y agregó: "Estoy decepcionada con las mujeres que no hablan más sobre estas situaciones en el deporte. Todos tienen derechos sobre sus decisiones, pero me gustaría que más mujeres, especialmente en el fútbol, pudieran hablar sobre esto, sobre sus experiencias, porque algunas de esas personas todavía están allí. Luego, es importante entender que esto no sucede sólo con los poderosos hombres blancos. Puede pasar en todos los ámbitos, ocurrir entre mujeres, y en cualquier lugar. Estamos enfocados en los hombres blancos poderosos, porque eso es probablemente más frecuente, pero puede suceder en cualquier lugar. Lo he visto"… Etcétera».

Por el tenor de estas declaraciones, cualquiera pensaría que se está frente a una de esas mujeres —tantas que hay todavía— que hacen de una estricta moral el norte de sus existencias. Mujeres, ustedes lo saben porque a muchas conocen, apegadas a un comportamiento impecable, en todo momento caracterizado por el recato, la decencia, la circunspección, el pudor, la honestidad, la ponderación, el respeto y consideración por sus semejantes, los escrúpulos, el talante apacible y la pulcritud en todas y cada una de sus actuaciones.


Sería lógico que una mujer de ésas, pudorosa y prudente a carta cabal, reaccionara con inmediata indignación contra los torpes manoseos de un vejete pervertido como el tal Blatter… Personaje el cual, tengo que decirlo sin tapujos, siempre me ha resultado tan repulsivo como detestable. Pero he ahí el primer llamado de atención: la denuncia aparece ni más ni menos que cinco años después del infortunado suceso. ¡Cinco años guardada en el baúl de los recuerdos! Pero, segundo llamado de atención: una acusación que aparece, como por arte de magia, después que se desencadena una cacería de brujas contra un montón de individuos de Hollywood por ese tan ambiguo asunto del acoso sexual. Y digo ambiguo, porque en la mayoría de los casos se trató de mujeres que aceptaron irse a la cama con un tipo en sistema de trueque: favores sexuales por oportunidades de trabajo con rentas altísimas, por lo cual bien se les podría denunciar, a todas ellas, como prostitutas de lujo.

Pero volvamos a la tal Hope, que posiblemente ha de tener la ídem (esperanza) de ganar algunos minutitos adicionales de fama agregándose a la ola de Hollywood y haciendo leña de ese árbol caído y putrefacto que se conoce bajo el apellido Blatter. No es una mujer decente y recatada, la tal individua. Y ustedes preguntarán en que me baso para hacer tamaña afirmación. Verán… ¡es muy sencillo! Y fácil de comprobar. Vayan a Google y pídanle esto al buscador: Hope Solo nude. Y allí verá decenas de fotos de esta persona, más desvestida que Adán y Eva. Y no sólo eso: allí los curiosos in extremis le podrán mirar y remirar todo lo que puede exhibir una anatomía femenina expuesta, ya sea en un quirófano, en una mesa de autopsias, en una playa nudista, en una película de sexo explícito o en cualquier sitio Web que esté dedicado a la pornografía dura.


De manera que esa fichita, ¡nada menos!, es la que se queja delante de micrófonos porque el detestable Blatter le tocó el trasero. Todo lo cual me trae a la memoria un viejo dicho: ¡ahora el muerto se asusta del degollado!


Asunto de legitimidad…



Fernando Pintos

Los acontecimientos de los últimos meses presentan un panorama muy claro. Por un lado tenemos un Poder Ejecutivo vacilante, irresoluto, inoperante. Por otro, un Poder Legislativo que parecería sumergido en oleadas de ineficiencia, demagogia y opacidad. Más allá, un Poder Judicial que pretende subirse a la ola de indignación popular de 2015, para colocarse por encima de los dos anteriores. Y después existen, por supuesto, otros actores de primera magnitud para esta opereta disonante: esa fuerza extranjera de ocupación llamada CICIG, un Ministerio Público acomodaticio y varias embajadas de «países amigos» —frente a los cuales uno se pregunta cómo serán entonces los enemigos—, encabezadas de manera flagrante por el embajador de USA, primo de la mujer de Obama y no contento con intervenir en la política interna del país: también promotor, con bombos y platillos, de los reclamos de gays y lesbianas. ¿Faltaría algo más? Bueno, medios de comunicación que, infectados por el ejemplo escandaloso y perverso de las elecciones en Estados Unidos, toman partido por una desestabilización institucional que es coreada y aullada, con entusiasmo digno de mejor causa, por un colectivo de grupúsculos numéricamente ínfimos, autoproclamado «Sociedad Civil».


No es de extrañar que con todo este mar de fondo la economía del país experimente una seria retracción, que los potenciales inversionistas extranjeros se nos escapen como si fuéramos la peste y que los empresarios de Guatemala, siempre bajo el fuego cruzado de todos los persistentes desestabilizadores, se inhiban de invertir en su propio país, so pena de afrontar la furia de quienes pretenden sembrar miseria y desesperación, al son de la harto gastada cantaleta de la «justicia social». Cualquiera creería que todos estos personajes que insisten en desestabilizaciones y cantaletas ya deberían haber tomado conciencia de a dónde van a parar los países que terminan atrapados por su gastada ideología marxista-leninista. Pero no. Nada de eso. Si la miseria de Venezuela fuera un elefante desbocado, todos estos individuos se negarían a verlo, aunque lo tuvieran plantado por debajo de sus mismas narices. Y es lógico: en este universo posmoderno de 2017, en países como los nuestros la agitación marxistoide, la agresión contra los creadores de riqueza y bienestar, así como la creación de condiciones ideales para que cunda la miseria, ¡son verdaderas profesiones de guante blanco y cuello almidonado! Ni Venezuela, ni Cuba, ni Corea del Norte pueden convencer de abandonar su rentable modus vivendi a personajes que viven, y por cierto que lo hacen a cuerpo de rey, promoviendo la destrucción de sus respectivas sociedades.

Ahora bien: volvamos al primer párrafo.
Tenemos, por un lado, a un Poder Ejecutivo y a un Poder Legislativo.
Por el otro a los ya mencionados antagonistas, a los cuales se agregó, con pretensiones no sólo de erigirse en el poder número cuatro, sino incluso en el supremo y excluyente, una Corte de Constitucionalidad que con sus actuaciones se acerca, peligrosamente, al golpe de Estado técnico.
Y ahora viene lo fundamental, que es la esencia de cualquier Estado democrático: millones de guatemaltecos se volcaron a las urnas, en 2015, para votar por este Poder Ejecutivo y por este Poder Legislativo tan denostados y criticados. En cuanto a todos los demás, esos que denuestan y critican sin inhibirse hasta del vandalismo: todos y cada uno, puestos a dedo. Nadie votó por ellos. Ni siquiera sus propias abuelitas.
En consecuencia, la legitimidad absoluta descansa, exclusivamente en el Poder Ejecutivo y el Legislativo.

Y lo que ahora corresponde, si es que con todo derecho no nos gusten ni este Ejecutivo ni este Legislativo, es aguantarnos, defender a capa y espada la estabilidad institucional de la República y esperar a cambiar autoridades, con toda la legitimidad del caso, en 2019.



Elecciones y opciones


Fernando Pintos


A pocos días de las elecciones, todo el mundo alborotado. Y se entiende. Gracias a la labor nefasta de la CICIG y sus aliados, a partir de 2015 las cosas se pusieron feas para la mayoría de los guatemaltecos. Con el ataque sistemático a la Iniciativa Privada —uno de los odios más grandes para cualquier comunista— la actividad económica se resintió, bajaron las inversiones, cerraron muchas empresas, se contrajo el mercado y todos, salvo esos parásitos que siempre viven colgados de alguna generosa y sanguínea yugular, transitaron por la calle de la amargura, algunos menos que más y otros más que menos.


Y esto, apoyado por un panorama electoral confuso, incierto y en cierta medida perverso, donde todo se ha digitado para que gane alguna opción de izquierda y grandes medios de comunicación se han prestado a la infamia (cosa que, ciertamente, no tiene nada que ver ni con independencia, ni con honradez ni con dignidad), genera lógica confusión entre la mayor parte de las personas. Así que, a mi buen juicio, voy a tratar de clarificar y de proporcionar un poco de ayuda a quienes estén confundidos, inciertos y vacilantes.

Lo primero es que hay que ir a votar. Nada de quedarse en casa porque ninguna opción me cae bien, porque ese insidioso argumento llevado a la práctica favorecerá, que ni duda quepa, a aquellos que menos bien le puedan caer al elector. Lo segundo, es que no hay que votar ni nulo ni en blanco, porque gracias a los retorcimientos legislativos de la izquierda, todo eso favorecerá indiscutiblemente a la UNE. Así que la gente tiene que ir a votar, pero, si no le convence ninguna opción, vote por la menos peor y siga uno de los pocos buenos ejemplos que el tal Franklin Delano Roosevelt, engendro nefasto como pocos lo hayan sido, dejó para la posteridad. Alguien llegó a decirle que el Tacho Somoza era un hijo de tal por cual. Y Roosevelt, en uno de sus escasos momentos de lucidez, le contestó: «Sí. Pero es nuestro hijo de tal por cual».
Lo anterior, me trae a la mente toda esa perversa e infame cháchara sobre corrupción y corruptos, esgrimida por la CICIG y sus cómplices desde 2015 en adelante, para desestabilizar Guatemala. Desde aquel momento, nos hicieron vivir en un infierno, usando como pretexto el cacareo de «la corrupción y los corruptos», mientras un embajador americano que izaba la bandera de los gays al lado de la de USA (razón por la cual debería estar preso de por vida en su país), daba órdenes al Congreso y se pasaba al Ejecutivo, que previamente había infestado con alimañas comunistoides, por el arco del triunfo. Y mientras toda ese vodevil infame se perpetraba, todos los ciudadanos decentes y productivos de este país comíamos lodo por carretadas. Así que en estas elecciones, a todos los que andan asustando con el petate del muerto (¡«los corruptos»!), valdría la pena contestarles: Sí. Pero son mis corruptos, y con ellos ya me entenderé a su tiempo.

Porque, llegado el caso de hablar de corrupción, tema con el cual a lo largo de un siglo largo todos los comunistas se han llenado el hocico a efectos de meter sus garras criminales sobre distintos países, pongámoslo bien claro: no existe corrupción mayor ni más infame que aquella en que un grupito de vividores pretende arrojar a un país en un infierno similar al que hoy en día vive Venezuela.


En consecuencia, cuando vaya a votar evite a todos aquellos personajes que son afines a la Venezuela de Maduro o a la Cuba de los Castro. Evite, como si de peste se tratara (en realidad son algo bastante peor) a todos aquellos que prometan santificar Guatemala con la ayuda de las Naciones Unidas, porque sería lo mismo que prometer cuidar la salud de alguien infectándolo con sida o provocándole un cáncer terminal. Evite a los candidatos que prometen «ayudas solidarias para los pobres», porque ésos sólo van a despilfarrar los dineros públicos y van a acumular inmensas fortunas personales. En la práctica, busque candidatos serios, responsables, conservadores. De ésos que no tienen vínculos con organismos internacionales. De ésos que se preocupan por combatir la delincuencia con mano dura. De ésos que, siguiendo el ejemplo de Jesucristo —el cristianismo es otro de los odios jarochos que son predilectos para todos los comunistas y cripto comunistas—, antes que darle un pez a un pobre prefieran enseñarle a pescar. Y eso sí: tenga muy en cuenta aspectos morales. Rechace de manera categórica cualquier mensaje electoral que de alguna manera contravenga los preceptos establecidos en las Sagradas Escrituras.

Ahora bien: si para una segunda vuelta está presente uno de aquellos candidatos que usted debería haber rechazado en la primera… Uno de ésos que adoran a  la ONU, que ejercen la demagogia populista de izquierda, que se viven llenando la boca con los pobres y los más necesitados, vaya a votar sin vacilaciones, y hágalo para evitar que Guatemala caiga en malas manos.



 Las Pesadillas

 de la

 Razón

 Fernando Pintos

Frases que hicieron historia


Fernando Pintos

En este mundo posmoderno, extrañísimo lugar donde la razón está desterrada, el sentido común afronta los rigores del exorcismo, la decencia adquiere calidad de mendicante y el honor ha terminado su periplo como el payaso que recibe las bofetadas, un mundo que cada día parece más inundado de imbéciles —cualquiera diría que son transgénicos y los cultiva Monsanto en plantaciones gigantescas—, es moneda corriente escuchar o leer aquello que toma vida sensorial cada vez que un idiota habla o escribe: idioteces a granel. Y bueno … Cualquiera diría que sería menester acostumbrarse a tamaño aquelarre, poner al mal tiempo buena cara y rumiar aquella sentencia tan añeja: «…¡Con estos bueyes tenemos que arar!». En la práctica, me es imposible adaptarme a esta filosofía infeliz, de la misma manera que me sería imposible hacerme a laa idea del suicidio. De manera tal que llegando a mediados de junio, cuando entra en eclosión ese gigantesco espectáculo mediático para baldados de la mente y paupérrimos de espíritu, o sea el Mundial de Fútbol, me permito regalar a mis menos que escasos lectores con algunas frases célebrers que han dejado huella en el universo de las letras.


Y por cierto… ¡Qué exactitud en aquel concepto de que hasta en lo más bajo, ruin y despreciaable, hasta en lo más cretino y abominable, se puede encontrar algo bueno! Véase como ejemplo, este Mundial de Fútbol. Si usted, con espíritu maquiavélico se provee con el horario de los partidos, le recomiendo que salga a manejar por la Ciudad de Guatemala en esas horas. Encontrará el tránsito insólitamente despejado, casi como que si estuviera en Semana Santa.

Pero pasemos a las frases, y esperemos que ellas sean del agrado de alguien más que este servidor.



«…Al final, lo que importa no son los años de tu vida, sino la vida de tus años».
Abraham Lincoln

«…Las ideologías nos separan. Los sueños y las angustias nos unen».
Eugene Ionesco

«…Una fotografía es un secreto de un secreto. Cuanto más revela, menos dice».
Diana Arbus

«…La creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria. Los hombres por sí solos ya son capaces de cualquier maldad».
Joseph Conrad

«…Todo es un acertijo, y la clave de un acertijo es otro acertijo».
Ralph Waldo Emerson

«…Cuando miras mucho en dirección del abismo, este abismo te mira a ti».
Friedrich Nietzche

«…Casi todo el absurdo de la conducta proviene de la imitación de aquéllos a quien no podemos parecernos».
Samuel Johnson

«…Cuando un buen hombre es lastimado, todos los que llamaríamos buenos deben sufrir con el».
Eurípides

«…Una creencia no es meramente una idea que la mente posee, es una idea la que posee a la mente».
Robert Oxton Bolt

«…No mires a los años en tu vida, mira la vida en tus años».
Abraham Lincoln

«…Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos ante otros que al final nos disfrazamos ante nosotros mismos».
François de la Rochefoucauld

«… En tiempos de mentira universal, decir la verdad es un acto revolucionario».
George Orwell

«…El individuo siempre tiene que luchar para impedir ser abrumado por la tribu».
Friedrich Nietzche

«…Ningún hombre necesita vacaciones tanto como uno que recién las tuvo».
Elbert Hubbard

«…De los deseos más profundos, usualmente viene el odio más mortal».
Sócrates

«…Aquél que controla a otros puede ser poderoso, pero aquél que se controla a si mismo es todavía más poderoso».
Lao Tzu

«…Nada es más fácil que denunciar al malvado. Nada más difícil que entenderlo».
Fedor Dostoyevski

«…Dios envia la carne y el diablo envia al cocinero».
Thomas Deloney

«…La fantasia, abandonada por la razón, produce monstruos imposibles».
Francisco de Goya

«…Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen… Los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber hacia dónde van».
José Ingenieros

«…En tu lucha contra el resto del mundo, te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo».
Franz Kafka

«…Limitar nuestra atención a cuestiones terrestres sería limitar el espíritu humano. El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, sino la ilusión del conocimiento».
Stephen Hawking

«…No debemos confiarnos en aqquellos que presumen de generosos con el bien ajeno».
Esopo

«…La crueldad contra un animal es crueldad contra la humanidad. Lo único que cambia es la víctima».
Alphonse de Lamartine

«…Nada está perdido hasta que todo está perdido».
León Trotzki

«…Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos».
Jorge Luis Borges

«…Dado que Dios limitó notablemente la inteligencia humana, me parece injusto que Él no haya limitado también la estupidez».
Konrad Adenauer

«…Hay dos cosas que son infinitas, la estupidez humana y el universo… Y sobre lo segundo no estoy muy seguro».
Albert Einstein

«…La idiotez es una enfermedad extraordinaria. No es el enfermo quien sufre por ella, sino los demás».
Voltaire

«…Conocimientos puede tener cualquiera, pero el arte de pensar es el regalo más escaso de la naturaleza».
Federico El Grande

«…Hay dos maneras de conseguir la felicidad… Una, hacerse el idiota; la otra, simplemente serlo».
Enrique Jardiel Poncela

«…La computadora no es una máquina inteligente que ayuda a gente estúpida. De hecho, es una estúpida máquina que funciona en manos de gente inteligente».
Umberto Eco

«…Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano».
Goethe

«…Las personas no están jamás tan cerca de la estupidez, como en el momento en que se creen sabias».
Moliére

«…Un estúpido es un pedante adulterado por el estudio».
Miguel de Unamuno


Desde el mar…Y desde la montaña

 

Fernando Pintos

 

Un ciego y malhumorado Al Pacino conducía a Gabriele Anwar hasta centro de la pista de baile. Sonaban entonces unos acordes iniciales y la pareja comenzaba a bailar, vacilantes aambos, porque él era ciego, porqque ella temía equivocarse. Y entonces, la orquesta arrancaba con brío los compases de un tango que por muchas décadas ha sido a la vez inmortal y arquetípico: «Por una cabeza».

Por alguna razón misteriosa, cuando presencié aquella escena por primera vez se me erizó la piel y sentí un nudo en la garganta. La reacción respondía a la banda sonora en tiempo de tango —no a la escena en sí—, que se había colado de manera insidiosa por alguna circunvolución poco visitada de mi cerebro, para recordarme vívidamente identidad y origen. Nací en Montevideo, una ciudad tanguera por excelencia, al igual que su vecina, la bienamada y también odiada Buenos Aires (sucede en todas las familias). Montevideo/Buenos Aires, que todavía hoy en día siguen una discusión estéril por apropiarse de Carlos Gardel… Pero, al igual que buena parte de mi generación, dejhé por un lado el tango y preferí el beat, el rock y las letras en inglés, con grupos como The Beatles, Rolling Stones, Beach Boys, The Carpenters, The Tremeloes, Kansas, Santa Esmeralda, Gossip, Aerosmith, Nirvana, Guns n’ Roses, Oasis. H. P. Lovecraft y todo un resto de sonoridades estridentes, acompañadas a los alaridos —a veces no— por la lengua de Shakespeare.

Al tango lo fui a redescubrir recién en 1985, en la ciudad de San Salvador. Resultó que el dueño del hotel American Guest House (17 Norte y Arce), Don Salvador (quien nunca quiso entender que mi apellido era Pintos, y no Tintor), me regaló un casete con tangos seleccionados de Carlos Gardel. El hecho, en sí fortuito, me sirvió para descubrir que, en realidad, el tango había estado escondido en algún lugar tan recóndito como insólito, pero siempre dentro de mí. En algún recodo de mi mente, en algún meandro de mi alma. Tango que había permanecido allí, tal vez aletargado pero jamás exiliado, tal cual yo había llegado a imaginar durante tanto tiempo.

Se trataba, lo repito, de una sencilla cuestión de identidad. Uno es lo que es, por más que pretenda no serlo. (Y desafiaría a Perogrullo para que descifrara esta última frase). En algún momento de su vida, cada individuo, hasta el más desorientado entre todos ellos necesitará encontrar su identidad y, toda vez que no lo consiga, por fuerza deberá partir en busca de ella.

Y en definitiva, todo lo anterior me retrotrae a mi memoria aquel poema que epilogaba «Grito de guerra», la primera novela con éxito de León Uris: «…Bajo el ancho y estrellado cielo / cava la tumba y deja que me tienda. / Alegre viví y alegre moriré. / Que éste sea el verso que grabes para mí: / “Aquí yace, donde anhelaba estar”. / A casa vuelve el marinero, a casa desde el mar. / Y a casa vuelve el cazador, desde la montaña».

Revaloración insólita de un Oscuro personaje histórico

Fernando Pintos



Tal vez demasiados hayan sido los aspectos de interés que adornaron la génesis de esta obra maestra, el «Drácula» de Stocker, tomados en conjunto con los esencialmente referidos a la vida de su autor, un modesto personaje irlandés del siglo XIX que durante la mayor parte de su existencia pareció ser un perenne condenado a la mediocridad… Cuando menos hasta el 14 de junio de 1897, fecha en que su hoy famoso libro se publicó por vez primera.


En primer término: obsérvese que gracias a «Drácula», Bram Stoker alcanzó a salir del anonimato y e incluso hasta ganar por ello un lugar en el panteón de los inmortales de la creación literaria universal. Esto, que se dice muy sencillamente, resulta inaccesible para la inmensa mayoría de los escritores, que por regla general no suelen pasar más allá de la modesta categoría de escriba y terminan, con harta frecuencia, en bastante menos que escribidor. Pero repasemos algunos nombres ilustres para la literatura inglesa en la segunda mitad del siglo XIX: Alfred Tennyson, Robert Browning, Thomas Carlyle, William Barnes, Richard Monckton Milnes, Matthew Arnold, Robert Bulwer-Lytton, Aubrey Thomas, Eliza Lynn Linton, Wilikie Collins, Margaret Oliphant, Joseph Sheridan Le Fanu, James Malcolm Rymer, M. R, James, Robert Louis Stevenson, Thomas Mayne-Reid, Lewis Carroll, Thomas Hardy, Henry Kingsley, Mortimer Collins, Amelia Edwards, Henry James, Thomas Henry Huxley, William y Mary Howitt, Richard Francis Burton, John Stuart Mill, Henry Drummond y H. H. Munro (más conocido como Saki), la mayoría de los cuales había muerto en el momento de publicarse «Drácula» por primera vez. Ahora, póngase atención sobre este punto: gracias a la publicación y difusión de una sola novela, Stoker consiguió ocupar un lugar de muy superior destaque que la mayoría de los mencionados.


Pero a la novela se le debe adjudicar algo que es mucho más resaltable y sorprendente que lo anterior. Gracias a la extraordinaria difusión mediática que consiguió «Drácula» desde los comienzos del siglo XX y hasta le fecha, lo cual se iba a canalizar por medios tan diferentes como el teatro, los periódicos y revistas, la radio, los comics, el cine, la televisión, el cable y los medios digitales, así como por la atención que todo ello generó entre críticos, escritores y periodistas, casi como si hubiera sido por arte de magia tomó forma una insólita revaloración histórica de Vlad Tepes.


¿Y quién era éste personaje? Simplemente un belicoso, sombrío, sanguinario y no muy importante príncipe guerrero nacido en la región rumana de Valaquia, cuya no muy larga vida transcurrió entera en el siglo XV (1431/1476), quien iba a morir 16 años antes del descubrimiento de América, y quien por sí mismo y por su tempestuoso pasaje por este mundo —como se ha dicho, no muy extenso—, hubiera debido seguir condenado, por el resto de la eternidad, a un absoluto anonimato universal, a la consiguiente indiferencia del casi entero género humano y al inevitable ostracismo histórico, bibliográfico y mediático que todo ello suele acarrear.


Hubiera sido, aquélla, una exclusión que no hubiese tenido nada de extraño, siempre y cuando se tome en cuenta que precisamente ése es un destino inexorable que ha sido compartido por infinidad de personajes verdaderamente notables y altamente destacados, cada cual en su momento, que han poblado las más tempestuosas páginas de la Historia Universal, en todas las épocas.


Una pregunta importante, a estas alturas, sería: ¿cómo se alcanzó tamaña revaloración histórica y reconocimiento universal para un personaje tan poco importante? ¿Es que acaso el príncipe Vlad Tepes tuvo tan siquiera parte mínima en la trama de Stoker?… La respuesta a esto último es drástica y simple: para nada. En primer término, el monstruo/protagonista es un conde y no príncipe. Pero además, su tenebrosa morada en ruinas se ubica en Transilvania, mientras que el histórico personaje nació y gobernó en Valaquia. Pero hay algo que es todavía más notable: el apellido asignado al conde de ficción, Drácula, proviene de un sobrenombre que se le asignó en vida a ese guerrero despiadado y gobernante despótico que fue Tepes: Drakulea, palabra que significa Hijo del Dragón. En realidad, tamaño apodo provenía de la Orden del Dragón, que había sido formada en 1408 por el rey Segismundo de Hungría (posteriormente, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico), para defender a los países católicos de la región contra el avance de los turcos otomanos, y de la cual formó parte el padre de Vlad Tepes. De ahí el término que caracterizó a éste: Hijo del Dragón.

He ahí, entonces, que el monstruo sobrenatural en la trama de Stoker apenas tiene, del personaje histórico que fue Vlad Tepes, el sobrenombre. Y ni siquiera el que correspondía al personaje, que era en realidad Drakulea (hijo del Dragón), sino más bien al de su progenitor: Drakul (El Dragón). A la luz de este análisis, la impresionante popularidad que consigue a lo largo de 120 años el personaje histórico Vlad Tepes, amarrado a la estela de una novela de vampiros que se publicó 421 después de su muerte (como se dijo antes, Vlad dejó este mundo en 1476, con 45 años de edad), resulta a todas luces insólita y parecería más bien digna de una comedia de errores en clave de vodevil.


Ahora, señalemos algo en lo cual nadie parece haber reparado, cuando menos hasta el momento. En la actualidad, aquel tortuoso y oscuro príncipe empalador que fue Vlad Tepes se ha constituido en uno de los personajes históricos más conocidos, recordados y mencionados, tanto en su propio país como en el mundo entero. Y cuando esto se afirma, cabe abarcar de una sola vez a toda la historia de la humanidad (más de cinco mil años) y todas las latitudes del globo. Empero, algo todavía más digno de resaltar sería que tamaña fama universal ha puesto a Tepes casi en pie de igualdad —al menos en cuanto a conocimiento entre auditorios contemporáneos se refiere— con otros protagonistas históricos de una dimensión infinitamente superior y de épocas bien diferentes, tales como Carlos V de España; Iván el Terrible de Rusia; Luis XIV de Francia; María Teresa de Austria; Federico de Prusia… O Nicolás II, quien fue el último zar que gobernó Rusia.

En la actualidad, el príncipe Drakulea es tanto o más reconocido, a nivel de conocimiento popular, que todos los notables personajes arriba mencionados, ¡en su conjunto! Y todavía más que eso: ¿acaso alguien recordará quiénes fueron los soberanos europeos de verdadera magnitud y relevancia durante el tormentoso período en que transcurrió la vida de Vlad Tepes? Véase que estamos hablando de un individuo que nació en 1431 y murió en 1476. En el transcurso de aquellos 45 años, Francia tuvo dos soberanos, que fueron Carlos VII (1422/1461) y Luis XI (1461/1483). Inglaterra también contó con dos reyes en aquel lapso: Enrique VI (1422/1461) y Eduardo IV (1461/1483). Y lo mismo sucedió con Austria: Alberto II (1438/1439) y Federico II (1440/1493). Con el Papado las cosas fueron un poco diferentes y, en tanto discurrió la azarosa vida de Vlad, hubo nada menos que siete Pontífices, quienes fueron, Martín V (1417/1431); Eugenio IV (1431/1447); Nicolás V (1447/1455); Calixto III (1455/1458); Pío II (1458/1464); Pablo II (1464/1471); y finalmente Sixto IV (1471/1484).


Cuando nació Vlad, España no existía como nación y por el contrario se encontraba dividida entre varios estados. Aragón —una de las principales potencias mediterránea del siglo XIV— tuvo, durante la vida del príncipe empalador, dos reyes: Alfonso V (1416/1458); Juan II (1458/1479). Pero cuando menos el germen de la futura gran nación que sería España sí se concretó en vida de Vlad Tepes, y fue el casamiento de Isabel de Castilla con Fernando de Aragón, que se produjo en 1469. En cuanto tuviese qué ver con la gran potencia musulmana del Mediterráneo, Turquía, durante la vida de Vlad fue regida por dos notables soberanos, Murad III (1421/1451) y Moahmed II (1451/1481). Y fue a  este último que se debe acreditar la conquista de Constantinopla, consumada hacia finales de mayo de 1453.


Después de repasar algunas entre las más importantes testas coronadas de Europa y el Cercano Oriente durante los exactos 45 años que alcanzó a vivir Vlad el Empalador, se cae en cuenta de que sólo hay un trío de soberanos que se pueden poner hoy día a la altura de Tepes gracias a su permanencia en el conocimiento universal. Ellos son, en primer término, los Reyes Católicos de España, Fernando e Isabel, íntimamente asociados con la figura de Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. El restante es el sultán Mohamed II, quién pasó a la historia como el conquistador de Constantinopla.


Sin embargo, a todos los demás personajes estelares en la historia política de la humanidad —emperadores, pontífices, reyes, grandes políticos, notables jefes militares, científicos, inventores, descubridores— poco o nada se les recuerda, y mucho menos en la escala en que sí se tiene idea y conciencia de quién fue aquel príncipe de la provincia rumana de Valaquia, el violento y sanguinario Vlad Tepes. Y todo ese desproporcionado conocimiento universal acerca de una tan escasamente relevante figura histórica en la Rumania del siglo XV tuvo punto de partida y encuentra su explicación final en la novela de Bram Stoker, publicada casi en las postrimerías del siglo XIX. Novela que, a lo largo del siglo XX se popularizaría, de manera en verdad extraordinaria, gracias a una tan diversificada como incansable difusión a través de medios diversos y dispares.



Los 120 años del vampiro más famoso

 

Fernando Pintos

 

 

«…A nuestro alrededor existen sacramentos del mal,

como existen sacramentos del bien, y yo creo que nuestra vida

y nuestros actos se desarrollan en un mundo insospechado,

lleno de cavernas de sombras y de moradores crepusculares…».

 

Arthur Machen

 

 

 

En el año de Gracia de 2017 se cumplieron, sin mayores alharacas, 120 años en la vida una de las obras más extraordinarias, sorprendentes y perdurables que haya producido la literatura universal en tiempos de modernidad.

Y al razonar esta expresión y paralelamente asignar la cualidad de modernidad a ese libro —de la cual es hijo sin la menor duda—, sería conveniente asumir, en consonancia con lo expresado por David Lyon, que el verdadero meollo de la edad moderna ha discurrido, encorsetado si se quiere, en un exacto lapso de dos siglos, el cual tuvo alumbramiento con la caída  de la Bastilla (1789) y encontró su colapso definitivo con el desmoronamiento del muro de Berlín (1989), dos destrucciones aparatosas que han sido, ni duda cabe, tan estrepitosas como traumáticas a nivel universal.

Como consecuencia de ello, el «Drácula» de Bram Stoker, publicado por primera vez en 1897, estuvo, en cuanto a  temporalidad, ubicado en el verdadero epicentro de la edad moderna y ha resultado, por diferentes características que más adelante se analizarán con mayor detenimiento, una obra que debería ser considerada como moderna (en cuanto a haber sido producida dentro de la Modernidad) por excelencia.

 

En primer término, toda vez que se pretenda explicar alguna obra literaria de relativa trascendencia —y el «Drácula» de Stoker, pese a ser una novela que la crítica «seria» ha menospreciado durante más de un siglo por el simple hecho de pertenecer a la literatura de horror, la ha tenido y en verdad enorme—, resulta de fuerza analizar los componentes principales que le hayan dado forma. Por tanto, se debería colocar una atención superlativa sobre elementos tales como la realidad y el entorno del país y época en que fue escrita; los sucesos más relevantes de aquel período, tanto a nivel local como universal; las tendencias literarias que prevalecían en aquellos precisos momentos; las influencias, directas o no que pudieran haber influido en el autor; así como la personalidad y trayectoria de quien la escribió.

 

Obviamente, también se deberían analizar la obra en sí misma, como un puro fenómeno estético y literario. Pero además, existe un aspecto fundamental, que las más de las veces se ha quedado por un lado: resulta estrictamente necesario un análisis mediático de ese libro… Y cuando a esto último referimos, tal cosa debería hacerse en dos sentidos: 1º) la influencia que la obra en su trayectoria editorial —en el «Drácula» de Stoker son 120 años— haya recibido por parte de los diferentes medios de comunicación, principalmente masivos; 2º) las influencias que esos mismos medios hayan absorbido de parte de esa misma obra; 3º) el impacto que ambos factores previos pudieran haber tenido con relación a una difusión que hubiese podido obrar no sólo por diversas vías, sino por muy diferentes dimensiones o alcances.

 

Para decir verdad, el propio autor de «Drácula» contribuyó en buena medida a minimizar la dimensión de su famosa novela desde un principio. Resulta que a Bram Stoker le complacía explicar, en determinadas ocasiones sociales, que su libro había nacido de «…Una pesadilla que se debió a una indigestión de cangrejo, debido a la cual sufrió alucinaciones acerca de una especie de rey de los vampiros, quien salía de su tumba a la búsqueda de sangre».

En la práctica, ese argumento resulta tan disonante como las rocambolescas explicaciones que tenía Pedro Camacho (personaje central de «La tía Julia y el escribidor», de Mario Vargas Llosa, sobre el origen de todos los males de amor: «…Para todo eso no hay como la leche de magnesia —me repuso, dejándome sin ánimos siquiera de reírme—. Ya sé, le parecerá un materialismo exagerado. Pero, hágame caso. Tengo experiencia de la vida. La mayor parte de las veces, las llamadas penas de corazón, etcétera, son malas digestiones, frejoles tercos que no se deshacen, pescado pasado de tiempo, estreñimiento. Un buen purgante fulmina la locura de amor…».

 

 

Como fuere que la inspiración hubiese podido iluminar a Stoker en su debido momento, el éxito de su obra fue casi inmediato y, a partir de aquel mismo momento, el impacto que tuvo aquella luctuosa novela sobre la cultura popular del pasado siglo XX resultó ser tan extenso como difícil sería de categorizar. Si bien, a manera de ejemplo harto contundente, valdría la pena comenzar con un detalle que resulta por demás significativo: las adaptaciones de «Drácula», tanto para el teatro como para la cinematografía, han sido tan sucesivas como numerosas y se comenzaron a tramar casi desde el mimo momento en que se publicó la novela. Si bien, en honor a la verdad, debe señalarse que en cada una de tales sucesivas ocasiones la trama original ha sido objeto de unas adaptaciones más o menos literales, si bien teniendo en cuenta que casi siempre ha sido alterada de algunas maneras, tanto en el orden de las situaciones como en la importancia o carnadura de los personajes principales.

 

Pero también el «Drácula» de Bram Stoker ha sido objeto de una considerable cantidad de adaptaciones grosso modo, en las cuales, sin mencionar específicamente al famoso conde vampiro por su nombre, le han sido copiadas, como con papel carbónico, casi todas sus características arquetípicas. Si en la cultura pop del siglo XX el Conde Drácula ha sido uno de los personajes emblemáticos por excelencia —o por antonomasia—, esa misma circunstancia le ha convertido en un referente ineludible para todo cuanto pudiera estar relacionado con el tema de lo vampírico, del vampirismo y de los muertos-vivientes que deambulan por las noches más oscuras (tan profundas como el mismo inconsciente del ser humano), para acechar a los vivos y alimentarse con esa sangre tibia y oscura, recién extraída de cuellos palpitantes y yugulares indefensas.

 

Pero retornemos al «Drácula» original. Esto es: el Drácula-personaje-de-novela que fuera esbozado por Stoker. Se deberá explicar que su impresionante éxito editorial, que resultó inmediato y que sorprendió especialmente a su propio autor, no se ha diluido con el paso del tiempo. Muy por el contrario: cumplidos ya los 120 años de existencia mediática, las páginas de «Drácula» jamás se han mantenido alejadas de las imprentas ni ajenas a las vidrieras, los anaqueles o las mesas de exhibición en las librerías.

Y se debe anotar, como un dato por demás revelador, que en las últimas décadas, esta novela se ha sostenido sin mayores contratiempos como el tercer gran bestseller mundial de habla inglesa de todos los tiempos, tan sólo por detrás de las obras completas de William Shakespeare y La Biblia. ¿De cuántas novelas que hayan sido publicadas durante los pasados 120 años, ya sea en la lengua inglesa o en cualquier otra que se quisiera mencionar, podría decirse algo parecido?

 

(Continuará)

 

Pesadillas…



Fernando Pintos


Me sugería mi gran amigo, colega y ex condiscípulo, el Licenciado Antonio Morán del Cid, un artículo que se titulara «Pesadillas de la razón». Interesante propuesta, por cierto. ¡Sugerencia goyesca! Y no he podido menos que dar vueltas al asunto, imaginando la forma, el énfasis y el estilo que podría tener un artículo así titulado. Por cierto, el grabado que se titula «Los sueños de la razón producen monstruos» —seres de pesadilla— formó parte de una serie de 80 estampas, que Francisco de Goya y Lucientes (1746/1828) y se publicó en 1799, penúltimo año del siglo XVIII y tiempo de ebullición para Europa Occidental, con auge de la Francia Revolucionaria y a las puertas de una pesadilla continental que se llamaría Napoleón.


Con el tiempo, se ha querido dar explicaciones plausibles al grabado y más que nada a su título. En el Museo del Prado, que «…La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles, pero unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas», razonamiento que no está nada mal… En un manuscrito del dramaturgo Adelardo López de Ayala y Herrera, que «…La fantasía abandonada de la razón produce monstruos y unida con ella es madre de las artes», lo cual parece bastante acertado. Y en el manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid, que «…Cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelve visiones». Y todo muy bien dicho. Muy plausible. Pero yo lo vería por otro lado. Creo que Goya, hombre de su tiempo —siglo XVIII, Barroco, Ilustración, Rococó—, un liberal moderado por otra parte, habrá sufrido una terrible impresión cuando la Revolución Francesa se convirtió en una desenfrenada orgía de sangre, promovida por personajes tan detestables como Marat, Robespierre, Hébert y tantos otros engendros, precursores de los grandes matarifes del comunismo, una pesadilla de la razón que en noviembre cumplirá cien años de desenfrenos genocidas, con un saldo que, según cálculos conservadores excede los cien millones de víctimas mortales. Porque el de las otras víctimas, las que en vida se han convertido en zombies, esclavos o galeotes, es tema aparte.


Así que pesadillas…
Referirse a tan vasto tema en 2017 significa atolladero. Y es que no se sabría por dónde empezar la enumeración. Si Pedro Calderón de la Barca (1600/1681) hubiera vivido y escrito en la actualidad, el título de una de sus piezas más famosas, «La vida es sueño» (estrenada en 1635), debería ser, por fuerza: «La vida es una pesadilla» (y de las más gordas). Pero dejemos eso de lado. Por pesadillas, en Guatemala tenemos de sobra, recurrentes, tenebrosas y cada vez peores, a partir de enero del 2008. Unas pintadas de verde, las otras de naranja, y las últimas tricolores. Pesadilla es que un país que tendría que ser el líder y vanguardia de la región centroamericana esté cada día más estancado y cayendo a pique en casi todos los indicadores de bienestar socio-económicos. Pesadillas —¡que tantas!— son todas esas caras sardónicas, desvergonzadas, pantagruélicas y lupinas de tantos y cuantos hombres públicos, y mujeres públicas también, con el perdón de las pobres putas.


Pesadilla es, a mi juicio, tener a un país que debería ser paraíso convertido en una mezcla procaz de infiernillo y cochiquera. Y pesadilla, termino aquí la disquisición, es que en un país donde los peores sueños exhiben rostros grotescamente lobunos, casi todas las víctimas agreguen, a su aparente condición ovejuna, alguna que otra coqueta caperucita roja.


LAS PESADILLAS DE LA RAZON