Un acercamiento con la Obra pictórica: “El Pastor de Chivos” del paisajista Alejandro Rodríguez.

 

Por Antonio Moran del Cid

 

Esto, no es más que un atrevimiento, al querer hablar sobre la Obra de un artista e intentar plasmar sus pensamientos sobre el trazo o pincelada para conformar la gran imagen concebida, con mucho tiempo y paciencia para una imagen que el tiempo en algún momento mostró y se la llevó, para nunca más volverla a repetir. Caprichos reales de la naturaleza.

 
La Obra “El Pastor de Chivos” del artista en mención, se centra en un elemento que sobresale  en todo el actuar de su contenido y empieza con un cielo abovedado,  azul intenso que para poderse ver, son esas nubes oscuras y lo que quedó de otras y son precisamente, las que tapan un poco los certeros rayos de sol que provocan sombras y formas en toda la orilla del cauce del río que da un elemento secundario al paisaje y que denota sus bordes esculpidos por el tiempo y la fuerza de las corrientes de un río existente de aguas claras de manantial, que sirve también de sustento a toda la flora y la fauna de dicha zona boscosa y fecunda.

Un paisajes de muchos verdes, que se transforman en interminables jardines de la Creación con una ambiente nuboso estacionado en la zona, que contiene su riqueza natural en su anchura, altura y profundidad, nunca nacidos por accidente, sino por el tiempo.

Sombras que descubren otro tipo de paisaje que nos llevan a la tranquilidad.  Cauces y encauces que nos siguen mostrando lo concreto y abstracto de  los verdaderos jardines de la naturaleza.  Luces y sombras que nos forman la imagen espectacular de un paisaje que nos muestran las montañas en el fondo, como deteniendo el entorno y la belleza de una naturaleza infinita.

Y como elemento central de la obra, no podían faltar unos chivos que pastan libremente, al cuidado de su pastor, que no pierde de vista a uno de los pequeños del ganado, que logra alejarse un poco mientras otros descansan a la sombra de los árboles y que con silbidos y sonidos de voces, el chivo tomándose su tiempo, regresa obediente, con paso meditado y con ganas de descansar.

Sonidos que se van encendiendo a medida que se recorre esta obra pictórica.   El sonido de las aves, el apacible sonido de la corriente del río, el sonido de viento a través de las ramas de los árboles y todo lo existente que refleja la vida y la quietud de la creación

El Pastor de Chivos.  Una obra realizada al óleo de 70 X 50 Cts. Cómo una ventana que invita a la reflexión de nuestra propia existencia.

Alejandro Rodríguez promueve la belleza de Guastatoya en sus obras

 

Alejandro Rodríguez es un pintor de 25 años, originario de Guastatoya, El Progreso, quien emplea en cada una de sus obras la técnica óleo sobre tela, preparando la imprimatura para lograr una óptica de alta calidad visual.

La imprimatura o la imprimación es el proceso por el cual se prepara una superficie para un posterior pintado. A la superficie ya imprimada se le llama soporte pictórico.

Actualmente el artista promociona su última obra titulada “Porque te quiero tanto Guastatoya”, con el fin de promover la cultura y concientizar el cuidado de la flora y fauna de la localidad.

La obra está inspirada en el poema “Por qué te quiero tanto Guastatoya”, escrito por el  profesor Daniel Cardona.

Asimismo, el entorno de esta obra es muy subjetiva a las personas ya que fue inspirada por el regazo que brinda mi amada tierra y por lo que forja su suelo, mitad calor mitad templado.

Guastatoya  se caracteriza por ser muy hermosa donde hay tantos lugares preciados como el frío que se percibe alrededor de su río  y el calor en sus montañas coloridas. 

Además, el pintor refiere que en la localidad existen lugares olvidados por el tiempo o por la  infraestructura, los que rescata y plasma el momento, así como la conexión de las personas con el lugar; surgiendo así su inspiración.

“Puedo decir  que desde toda mi vida.  Recuerdo aún a  mi abuelo cuando  dibujaba bocetos en el piso explicándome el por qué  los trazos. Fue en el 2015 cuando entré en lleno pintando al óleo  con  sed de conocimiento  e investigando casi diariamente hasta que poco a poco fui mejorando”, explica Alejandro Rodríguez, pintor.

La Presa,  la Bomba y el paisaje nocturno del  Parque  Central de Guastatoya  son algunas de las obras destacadas del artista, las cuales se basan en el paisaje urbano y rural de la localidad. Cada una de ellas, refleja una mezcla de colores complejos.

Para información de Alejandro Rodríguez pueden llamar al teléfono 5490-6212, el correo electrónico arteguastatoya12@gmail.com y en Facebook como Alejandro Rodríguez.

 

El Vaso y los Chepillos de  Guastatoya


Por Alejandro Rodríguez

 
A principios de los años 20, del siglo pasado, llegó a radicar a Guastatoya, municipio del Departamento de El Progreso, Guatemala,  una señorita de origen suizo, llamada Berta Gerard (hermana del renombrado antropólogo Dr. Rafael Gerard), dónde contrajo matrimonio con el paisano Carlos carías, hijo del recordado don Neyo Carías, muy recordado y querido  por  su tienda en la calle de la estación de ferrocarril de aquél entonces.

En esa época, no se contaba la luz eléctrica y la señora girar emprendió la importante empresa de construir una hidroeléctrica que alimentada por las aguas del río Guastatoya.   El proyecto consistía en construir una presa en la garganta que forman los cerros del Pinal y el de la virgen y desde ese punto,  llevar a través de una toma de agua, bordeando las colinas del lado izquierdo de río, hasta la altura del barrio el calvario, donde se instaló una casa de máquinas consistente en una rueda Peltón movida por el agua de la toma y una turbina generadora de electricidad. A la casa de máquinas se llegaba desde el pueblo a través de un puente de hamaca que cruzaba el río.

Hoy, quedan como mudos testigos de aquella obra, los vestigios de la presa de la bomba y unos arcos por donde pasaba la toma de agua, situados en las vegas del coronel Cordón Hichos. También se recuerda el túnel en la poza azul, en la cabecera de la vega de don Goyo Pensamiento.

Un día normal con el sol abrazador, trabajadores de la municipalidad de Guastatoya, abrían una zanja en un lugar denominado El Calvario un humilde trabajador municipal en la gestión de don Luis Quiroa, haciendo trabajos de reparación de cunetas, haciendo una excavación, encontró  unas osamentas y su pala tropezó con un recipiente, que noto de inmediato,  que se trataba de algo especial y resultó ser un hermoso vaso con dibujos como flechas engarzadas, en un total de doce, de un material blancuzco y el fondo del vaso de un color achocolatado; el más significativo símbolo de nuestra identidad con las raíces indígenas que gratamente nos atan al terruño. Tiene como característica especial la similitud del bajo relieve que adorna sus lados, donde resalta el dios Chac (dios de la lluvia), parte humana y parte animal.  Ante la conmoción del hallazgo de una joya arqueológica y la argucia de otros, el vaso, se cree, está expuesto en Suiza o Estados Unidos de Norte América, dejando una copia de este y que en la actualidad se exhibe en la alcaldía del lugar.  Tristemente, se sabe que  el vaso Guastatoya forma parte de una colección privada, a partir del 25 de mayo al 7 de enero del 2018 estuvo  en una exposición en Alicante, España.

 El Chepillo

Los criaderos de Cheros. Llegábamos a velarlos con mucha frecuencia e íbamos armados de hondas de hule canche y muchas piedras como municiones y  el juego empezaba, cuando les silbábamos a los árboles,  para que levantaran la cabeza antes de lanzarles el tiro fulminante.

Había mucho calor y todo ser vivo de la zona, estaba acezando, y no se pensaba en otra solución que el agua.  Nosotros, a los pájaros  les llamábamos chepes para diferenciarlos de los chepillos (pitangus sulphuratus) es una especie de ave paseriforme perteneciente a la familia tyrannidae. 

Los Chepillos. En las puntas de los árboles se paraban a atrapar insectos en vuelo. Se elevaban de la rama donde estaban, cazaban el insecto en vuelo y regresaban al mismo lugar a comérselo, eran un espectáculo... Antes de que apareciera el veneno agrícola DDT.

Es muy común, visible y ampliamente diseminado en una variedad de ambientes abiertos, rurales y urbanos. Es menos frecuente en regiones boscosas, donde se encuentra más o menos confinado a las márgenes de lagos y ríos. Hasta una altitud de 1500 msnm. Mide entre 21 y 26 cm de largo. tiene cabeza grande, alas largas y patas cortas. El pico es tan largo como la cabeza y termina en forma de gancho. El lomo y la cola son de color pardo verdoso. La cabeza es negra con dos franjas blancas a modo de cejas y garganta blanca, lo cual le da el aspecto de tener antifaz y boina negros. El pecho y el abdomen son de color amarillo vivo. poco más alto en valles andinos estas aves lo han catalogado como un símbolo de nuestra cultura.  Precisamente,  esta es la mascota del club deportivo  de Guastatoya.

 

Es esta  pintura están plasmadas estas dos grandes representaciones de un pueblo.  Con una composición muy clara, que define nuestra notable identidad.